Por @RenegadoRadio
Se cumplen años de una de las curiosidades en la historia del rock. No recordamos a una estrella de estadio, sino a un joven de 21 años que prefirió los pinceles a la fama de la banda más grande de todos los tiempos. Stuart Sutcliffe no llegó a ver el fenómeno; él fue la semilla que germinó en la oscuridad de Hamburgo.
A menudo olvidamos que la identidad de los Beatles no nació en un despacho de marketing. Nació de la amistad bohemia entre John Lennon y Stu en el Liverpool College of Art. Fue entre ellos dos donde surgió el nombre "Beetles" —un guiño a The Crickets de Buddy Holly—, que luego evolucionaría a ese juego de palabras rítmico que todos conocemos.
Según cuenta Paul McCartney, cuando Stuart vendió una de sus pinturas en 1959 por 65 libras, John y Paul lo convencieron de comprar con ese dinero un bajo eléctrico alemán marca Höfner, el cual muy difícilmente sabía tocar, y unirse a la banda. Se dice que lo usaba más por estética que por interés genuino en ser músico; según Paul "era mejor tener un bajista que no sabía tocar que no tener bajista". En algunas de las primeras fotos del grupo, cuando aún eran desconocidos, se le puede ver tocando de espaldas al público para ocultar su falta de práctica. En realidad su interés por ser parte de una banda de rock & roll, además de su amistad con John, era el de reforzar su imagen de "bohemio" en el instituto.
Stu no era el mejor bajista (muchas veces tocaba de espaldas para ocultar su falta de técnica), pero era el tipo más cool de la habitación. Fue él quien, bajo la lente y el amor de Astrid Kirchherr, adoptó el corte de pelo mop-top y las chaquetas de cuero que definirían la primera etapa del grupo.
La historia de Sutcliffe está marcada por una fatalidad física que comenzó mucho antes de su último suspiro. En enero de 1961, tras un concierto en el Litherland Town Hall de Liverpool, los Beatles fueron emboscados por una pandilla. En la pelea, Stuart recibió una paliza brutal que incluyó golpes severos en la cabeza.
Aunque en su momento pareció recuperarse, los dolores de cabeza se volvieron crónicos e insoportables durante su estancia en Hamburgo, donde se había quedado para estudiar arte y vivir con Astrid. Esos golpes fueron, según la mayoría de los relatos biográficos, el detonante silencioso de la hemorragia cerebral que terminó con su vida en la parte trasera de una ambulancia el 10 de abril de 1962.
Lo que hace que la muerte de Stu sea especialmente desgarradora es el "timing". Murió justo un día antes de que John, Paul, George y Pete Best (Ringo aún no llegaba) aterrizaran en Hamburgo para su tercera gira. Fue Lennon quien tuvo que procesar la noticia al bajar del avión, perdiendo a su mejor amigo en la ciudad que los había forjado como hombres.
Apenas unos meses después, en octubre de ese mismo año, el mundo escucharía por primera vez "Love Me Do". Stuart Sutcliffe se quedó en la antesala de la gloria, a un paso de la Beatlemanía, falleciendo a la misma edad que muchos hoy apenas comienzan la universidad.
Hoy lo recordamos no por lo que no llegó a ser, sino por lo que fue: el poeta visual del grupo, el confidente de Lennon y el recordatorio de que, a veces, la llama que brilla con más intensidad es la que se apaga demasiado pronto.
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