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El COVID-19 y el controversial progreso de la tecnología

El COVID-19 y el controversial progreso de la tecnología

Columnas miércoles 18 de agosto de 2021 -

Vivimos tiempos difíciles en esta pandemia por COVID-19, para algunos incluso apocalípticos. Aún no hemos dimensionado todas las consecuencias sociales, económicas, biológicas, culturales, etc. de este capítulo de la historia de la humanidad. En algunos años, cuando alcancemos a ver el final de esta situación, seguramente notaremos todo aquello que evolucionó y que inevitablemente ya será parte de nuestras vidas.

Como investigador y entusiasta en el área de la tecnología, especialmente la de automatización y robótica, comienzo a notar al menos tres aspectos tecnológicos globales que sobresalen en esta contingencia y que quisiera reflexionar con ustedes.

La inteligencia artificial (IA) se adopta como necesaria y se queda en nuestras vidas.

La controversial IA, antes asociada a la ciencia ficción, con todo y sus dilemas legales, humanísticos y de riesgo ha jugado un papel clave en esta pandemia. Vimos que fue útil para el desarrollo científico, pruebas en tiempo récord y despliegue global de las vacunas para el COVID-19. Estos procesos acelerados de las nuevas vacunas jamás se habrían logrado sin la IA combinada con el cómputo de alto rendimiento. Por otro lado, los estudios de predicción de contagios fueron más allá de la matemática estadística, y los modelos de “machine learning” dieron mejores resultados utilizando grandes cantidades de información disponible, convirtiéndose en insumo para la toma de decisiones y las políticas públicas. También se incrementó substancialmente el comercio electrónico, que en el fondo funciona con IA a través de datos de usuarios, predicción del consumo y una compleja red automatizada de entrega de productos y servicios. Así la IA permea todos los aspectos de nuestra vida y la concebimos como necesaria. Sin embargo, aún no hemos vislumbrado varios inconvenientes. Por ejemplo, las profundidades de su matemática, recursos computacionales y programación solo son accesibles y comprensibles para muy pocos, lo que arriesgadamente generará mayor dependencia de las grandes trasnacionales de tecnología. Además de que aun no sabemos cómo transmitirla a las nuevas generaciones, y depende cómo y quién la entrene, puede generar sesgos de discriminación social y atentar contra la privacidad. La forma en que evolucionan estos algoritmos nos sorprende, pero muchas veces de forma incomprendida.

La robótica de la postpandemia es más cercana

La llamada “robótica de servicio” con características móviles y autónomas que operan fuera de la industria en nuestra vida diaria está viviendo su momento, todo a raíz del distanciamiento social. Se ha logrado destrabar la legislación en Estados Unidos y otros países para permitir la entrega de paquetería con aeronaves no tripuladas en espacios urbanos, al igual que para acercar servicios médicos de urgencia. Empresas como Rappi han desarrollado vehículos autónomos para entrega de mercancías en ciudades. Vehículos terrestres se adquieren para descontaminar edificios y casas con luz tipo UVC. Las empresas de logísticas y de supermercados equipan sus bodegas de distribución con el tráfico de vehículos autónomos, a manera de redes de montacargas inteligentes, mueven la mercancía más eficientemente. Es realmente sorprendente la capacidad que tienen estos robots para mapear y navegar en el espacio urbano, las medidas de seguridad para evitar accidentes con humanos e incluso su auto-organización para trabajar en enjambres. Los seres humanos estaremos conviviendo cada vez más en casa y en el espacio público con estas máquinas. Esto sin duda cambiará la industria de la logística y de servicios, cuyas empresas que trabajan de manera tradicional, se verán afectadas. Posibles situaciones de accidentes, responsabilidad civil y todos los riesgos de convivencia cercana entre humanos y robots aún no han sido reflexionados ni considerados en las leyes, seguros, e incluso las afectaciones socioemocionales. Como en toda tecnología emergente, todos estos aspectos tendrán que resolverse en el camino.

Una nueva forma de concebir la presencialidad

Es por todos sabido que todas las plataformas de videoconferencia, resguardo de información en la nube, de contenido vía streaming y de redes sociales se han multiplicado y son las inigualablemente beneficiadas con esta pandemia. Por necesidad, ahora tienen un público más amplio y heterogéneo con distintos rangos de edad. Hizo operar el teletrabajo en las empresas, la educación a distancia y las redes de comercio y fueron tecnologías claves para sobrellevar la pandemia en aislamiento. Con esto la presencialidad ya no es concebida necesariamente en el sentido de verse cara a cara, sino de estar en línea al mismo tiempo en voz y video, y próximamente en ambientes de realidad virtual inmersiva o aumentada. Ya no será mal visto quedarse a trabajar en casa algunos o todos los días de la semana. Incluso algunas empresas han incrementado su eficiencia con el teletrabajo, además del ahorro en el mantenimiento de inmuebles. Cursar la universidad con estudiantes e instructores dispersos en el mundo es factible, y al parecer se disponen de más recursos audiovisuales en apoyo a la educación. Sin embargo, toda esta forma de operar como sociedad no es del todo favorable. Aún no estamos conscientes de la huella ecológica en el uso simultáneo de streaming intensivo y el incremento de la basura electrónica. Concebir una educación solo a distancia, hace perder el contacto social y la experiencia vivencial de los estudiantes en un solo campus, que nos forma con una sensibilidad distinta y más humana. El teletrabajo en casa desdibuja los tiempos de trabajo y familia y trae otras consecuencias de salud como debilidad visual, inactividad física y otras afectaciones. Al final, todo esto atenta contra todas las interacciones naturales y de especie humana que se construyen con la verdadera y original presencialidad. Preocupante que nos acostumbremos a vivir así.

Acá cierro estas breves ideas, y como lo dije al principio, hay muchos más aspectos que aún no sabemos. Pero vale la pena darnos el tiempo pausado para reflexionar, discernir y compartir.


Dr. Eduardo Gamaliel Hernández Martínez, director del Instituto de Investigación Aplicada y Tecnología (INIAT) de la Universidad Iberoamericana, #IBEROInvestiga. Pluma en colaboración con Integridad Ciudadana AC, @EduardoGama_HM @Integridad_AC




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