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El año de la rata: El hilo del que pende la reputación de China

El año de la rata: El hilo del que pende la reputación de China

Columnas miércoles 29 de enero de 2020 - 09:48

Escribo esta columna con seriedad ante los hechos que afectan la psique colectiva a nivel mundial en torno al coronavirus. También con un toque de tristeza, al ver que China vuelve a ser objeto de comentarios que reducen las complejidades de sus dinámicas políticas económicas y sociales, cuando después de haber residido ahí me encuentro con más preguntas que respuestas sobre el funcionamiento de esa nación.

2019, año del cerdo, fue uno particularmente simbólico para China, pues celebró dos fechas importantes: el 70 aniversario del establecimiento de la República Popular China y el 41 aniversario de la reforma de apertura económica. Estos acontecimientos sucedidos en 1949 y 1978 respectivamente, son dos grandes contribuciones a la China que hoy exporta bienes tecnológicos y servicios, y no sólo zapatos y juguetes baratos.

Hace un año los preparativos para iniciar el año del cerdo llenaban de algarabía el ambiente. Se percibía el acelerado consumo propio de la temporada, en el país que algunos aún denominan comunista: la venta de tradicionales sobres rojos para la prosperidad, objetos dorados para la abundancia, menús exquisitos para la cena familiar, y Peppa Pig en la publicidad de marcas reconocidas a propósito del año del cerdo. La carga simbólica del año aunada al considerable progreso logrado por la nación en las últimas décadas llevó a los líderes a querer hacer del 2019 un año particularmente mediático hacia el exterior para los estándares chinos.

Fuente: Baidu Images

China ya había comenzado desde 2008 (también año de la rata) a mediatizarse hacia el exterior como parte de un cambio en su política exterior que quería mostrar a una China comprometida con el multilateralismo y con el libre mercado, aunque jamás líder o potencia mundial. Así desde las olimpiadas de Beijing se comenzaba con la construcción del imaginario sobre China ante el exterior.

El anuncio del proyecto de la franja y la ruta en 2012, la finalización de la segunda torre más alta del mundo que alberga el elevador más rápido del mundo en Shanghái en 2016, la construcción de nueve mil kilómetros de vías férreas tan sólo en 2015, y la mediatización de China como una sociedad que evita el uso del efectivo, logrando bosquejar la imagen de una China capaz, fuerte, e incluso amenazante para algunos.

Pero 2019 trajo más retos que gratificaciones. En primer lugar, hubo una protesta a mediados del año pasado, en la ahora conocida Wuhan, por la tentativa construcción de una planta de incineración de basura para la producción de energía. A esto se sumaron las primeras protestas en Hong Kong a causa de la controversial ley de extradición. Posteriormente, los escándalos sobre los centros re-educación de minorías musulmanas en Xinjiang, región noroeste de China, resonaron en medios principalmente occidentales. Por último, China se enfrentó al impacto mediático negativo que le trajo la guerra comercial.

Ante este escenario complejo, China ciertamente adoptó en 2019 una interacción con medios internacionales mucho más asertiva que la que tuvo durante las décadas de los 80 y 90, con una estrategia de comunicación global más asertiva. Sin embargo, ahora, en el año de la rata, el mundo se enfrenta al coronavirus, un problema de salud pública a nivel global que para China representa una prueba de transparencia y comunicación efectiva para con otros estados de la comunidad internacional.

Por una parte, expertos en temas de salud han aplaudido la rapidez de la reacción china en cuanto a dar aviso a autoridades internacionales de que el brote podría ser un brote epidemiológico en vez de ocultar número de contagios como ocurrió con el SARS, además, la construcción en 10 días de un hospital para el tratamiento de este virus ha sido mayormente considerado como una respuesta positiva frente al problema. A la vez, las autoridades han tenido que lidiar con el descontento al interior del país a causa de la paralización de actividades de año nuevo, que es considerado el movimiento migratorio más grande del mundo.

La oportunidad trae el éxito (机会带来成功), dice el dicho chino. Si China logra responder a la crisis del coronavirus de manera adecuada, evitando un mayor número de contagios y muertes al interior de China, colaborando exitosamente con la comunidad internacional en la mitigación del virus, el asunto podría resultar para el gigante asiático una oportunidad en disfraz, y entones los esfuerzos del ciclo zodiacal que comenzó en 2008 no habrían sido en vano. Si por el contrario no lo lograse, me da la impresión de que China caerá en una crisis de relaciones públicas de la que le costará salir.

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/CR

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