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El espejo salvadoreño

El espejo salvadoreño

Columnas miércoles 24 de febrero de 2021 - 00:59

Pedro Arturo Aguirre

El presidente de El Salvador, Nayib Bukele, es uno de los gobernantes más populares del mundo y ejemplo del líder populista exitoso gracias a su increíble capacidad para establecer una comunicación directa y espontánea con el electorado, y al inmenso desprestigio de la clase política tradicional. Desde el inicio de su carrera política supo presentarse como la única solución ante la corrupción y la violencia endémica, fenómenos tan característicos de este asolado país. Capitalizando el hartazgo de la población obtuvo en las elecciones presidenciales de 2019 un respaldo abrumador, pero se ha convertido en un dirigente cada vez más autoritario.

Gobierna vía Twitter, lo cual ha crispado su relación con el resto de poderes del Estado. La tensión estalló en febrero de 2020, cuando la Asamblea Legislativa no autorizó un préstamo de 109 millones de dólares para financiar compra de armamento militar. Sí, el presidente ha consolidado la influencia de las fuerzas armadas. Bukele irrumpió en el parlamento acompañado de militares y policías y dio un discurso a la multitud congregada a las puertas del recinto parlamentario: “Dios, me pediste paciencia, pero estos sinvergüenzas no quieren trabajar para el pueblo”, clamó, iracundo.

La personalización del poder y contantes exabruptos autoritarios le han valido perder apoyo internacional. Instituciones como la Unión Europea y Human Rights Watch han denunciado la deriva antidemocrática del presidente y sus atentados contra el Estado de derecho. Con la crisis del coronavirus las cosas empeoraron. Se decretó un estricto estado de emergencia con detención a quienes incumplieran la cuarentena, suspensión de garantías e incautación arbitraria de vehículos. Pese a ello, y también pese a los raquíticos resultados de su gobierno, Bukele se mantiene muy popular.

El Salvador sigue siendo uno de los países más violentos del mundo, la economía es muy dependiente del exterior y arrastra una deuda pública del 65 por ciento del PIB. Las remesas cayeron un 20 por ciento este año, el desempleo se ha disparado, crecen la pobreza y la desigualdad, la corrupción sigue tan campante y la presencia de las maras no ha sido reducida. Pero la oposición es débil. El binomio ARENA-FMLN, el cual gobernó al país desde el fin de la guerra civil, está sumido en un profundo descrédito. Ha sido incapaz de construir alternativas plausibles, refrescar el lenguaje, renovar liderazgos caducos y de marcar distancia con su pasado para tratar de reconciliarse con los electores. El gobierno ha sabido etiquetar a la oposición con formulas despectivas como “ARENAFRENTE” o “los mismos de siempre”. Le ha funcionado. Para quienes lidian con gobiernos populistas alrededor de todo el planeta desde estructuras políticas desprestigiadas podría aplicarse, al observar el caso de El Salvador, aquél famoso poema de Borges dedicado a la luna: “mírala: es tu espejo”


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