Históricamente, la izquierda mexicana, continuando con su famoso idealismo, entre su rígida liturgia, el latinoamericanismo forma parte de su discurso, en donde el ritual laudatorio, se cuelga sus escapularios que los dota de esa supuesta autoridad moral, que cual prístino carisma, nos embarran a quienes podemos disentir en alguno de sus dogmas, repletos de guardianes de la pureza que cual celosos cófrades, los protegen con ardor supino.
Sólo hay que ver la deformación de la figura de don Simón Bolívar, caballero aristocrático que al pretender construir un efectivo contrapoder al imperialismo yanki, uniendo a una próspera y poderosa América Hispánica, como dejó claro en el Congreso de Panamá, jamás se imaginaría como la botarga predilecta de las cínicas tiranías sudamericanas, con personajes como Chávez o Maduro, endilgando a ese gran caballero, las cualidades de un rupestre personaje justificador de payasos empoderados.
La ridiculez tuvo su culmen este fin de semana, cuando un contingente de los “hermanos latinoamericanos”, reunidos en Florida con el ejecutivo estadounidense, cual séquito colonial, aplaudieron un frente común en contra del supuesto epicentro narcótico (olvidando que nuestro disfuncional vecino, ostenta la nada despreciable suma de 60 millones de consumidores de drogas), en un vergonzante acto en donde les embarraron “nuestro maldito idioma”, mientras se carcajearon de los dichos ridiculizantes hacia la gobernante mexicana, a la que jamás se le podrá acusar de haber hecho algún desplante, ni siquiera una mala expresión, de ese séquito inmoral que evidenció la calidad de su presencia.
Por supuesto que la criminalidad debe de ser legalmente confrontada por todos, pero no puede lanzarse semejante propuesta entre ofensas y burlas que no nos sorprenden en el afamado personaje, pero que en los otros gobernantes allí reunidos, sólo nos hace pensar en la ingratitud y la traición con que se muestran, y que a lo mejor hasta hizo rabiar a uno de esos vejestorios ridículos que con su playera de “el Che” y su patética boina militar con su estrellita roja, cuál fósiles vivientes, exponen su lástima en el vagar de los pasillos de la facultad de la que jamás se titularon, como un anacronismo que en estos días decrépitos para su credo, ha desvanecido entre la sociedad lo que de respetable les quedaba.
Los hermanos latinoamericanos presentes fueron: Kamla Persad-Bissessar (Trinidad y Tobago); José Antonio Kast (Chile); Mohamed Irfaan Ali (Guyana); Daniel Noboa (Ecuador); Santiago Peña (Paraguay); Luis Abinader (República Dominicana); Rodrigo Chaves Robles (Costa Rica); Nayib Bukele (El Salvador) y Javier Milei (Argentina).
Ad hoc, podrán decir los apologetas del latinoamericanismo, que todos esos tipos son de “derecha”, para intentar salvarle la cara a sus grandilocuentes dichos, como si con eso borraran su identidad perteneciente a esa América Latina con el
Caribe, que de lealtades y respeto, definitivamente la acomodan a conveniencia.