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Elecciones hondureñas a la sombra de Trump

Elecciones hondureñas a la sombra de Trump

Columnas jueves 18 de diciembre de 2025 -

En Honduras, la verdadera pregunta hoy ya no es solo quién ganará la presidencia. La discusión central es quién está intentando influir en ese resultado y qué significa eso para una democracia ya frágil, marcada por más de una década de crisis abiertas: el golpe de Estado de 2009 que rompió el orden constitucional, elecciones repetidamente cuestionadas por fraude, instituciones capturadas por élites políticas y económicas, y un sistema judicial debilitado que rara vez logra contener la corrupción. A esto se suma la violencia estructural, la migración masiva y la desconfianza social hacia el Estado. Honduras llega a estas elecciones cansada, con un aparato democrático que funciona, sí, pero a medias, y que cualquier actor externo puede intentar empujar en la dirección que más le convenga.

Esa vulnerabilidad no ha pasado desapercibida fuera del país. En las últimas semanas, el expresidente Donald Trump respaldó públicamente al candidato Nasry “Tito” Asfura, un gesto que figuras de la oposición —como Salvador Nasralla— han descrito como interferencia que afectó el equilibrio de la contienda. Incluso desde el Congreso hondureño hubo voces que denunciaron que las declaraciones de Trump podían interpretarse como presión externa en un proceso ya tenso. Más allá de lo ocurrido en esta campaña, hay un trasfondo que merece atención: sectores del Partido Republicano han mostrado interés en influir en Centroamérica, y Honduras se vuelve un escenario atractivo para proyectar esa agenda. No es solo geopolítica; es también una disputa ideológica donde narrativas sobre orden, migración y seguridad encajan perfectamente con los discursos que Trump ha intentado amplificar dentro y fuera de Estados Unidos.

El problema es que esta intervención llega en un momento especialmente delicado. Las élites hondureñas están reacomodándose, los partidos tradicionales compiten por mantener su espacio y la institucionalidad no ofrece garantías plenas. La entrada de actores externos altera ese equilibrio interno y convierte estas elecciones en algo más que una disputa nacional: las vuelve parte de un tablero geopolítico donde Honduras tiene poco margen de maniobra. En un país con instituciones debilitadas, cada declaración, cada respaldo y cada guiño desde afuera pesa el doble y deja menos espacio para que la decisión final sea, en efecto, una decisión hondureña.

Resulta inevitable preguntarse por qué Trump —y parte del Partido Republicano— se interesan en mover fichas en Honduras. Su respaldo a Asfura no es casual: se trata de un candidato percibido como alineado con su agenda sobre migración, seguridad y estabilidad regional, y más dispuesto a cooperar con intereses externos que coinciden con su visión. Forma parte de una estrategia más amplia donde Centroamérica es clave para su discurso interno. La migración, bandera central en EE. UU., convierte a Honduras en un símbolo de seguridad y oportunidades fallidas. Un gobierno más cercano a su agenda migratoria sería, para Trump, una victoria política y una prueba de “control” frente a su electorado. Además, sectores republicanos buscan frenar proyectos progresistas o alianzas con China, por lo que influir en un país con instituciones frágiles y dependencias económicas profundas resulta especialmente conveniente.

Honduras ya celebró sus elecciones, pero el país entra ahora en una fase postelectoral tensa, donde los resultados no solo se miden en cifras, sino en narrativas y presiones que también vienen de fuera. En ese escenario, cualquier gesto externo pesa más de lo que debería. El regreso de Donald Trump a la Casa Blanca —y su historial de usar a Centroamérica como plataforma de su discurso migratorio— reaviva ese impacto. Lo que Washington diga o deje de decir sobre Honduras no es menor: ajusta agendas, define alianzas y condiciona cómo se interpreta el desenlace político.

Y ahí está lo que realmente está en juego. No si un gobierno queda mejor alineado con una potencia u otra, sino si Honduras puede sostener un proceso político que no baile al ritmo de intereses externos. Estas elecciones no curarán todas las heridas del país, pero sí definen algo esencial: si la historia hondureña seguirá escribiéndose desde dentro o si, otra vez, otros intentarán escribirla por ella.

Ingrid Trejo Juárez Colaboradora de Integridad Ciudadana, estudiante de Relaciones Internacionales por la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla. @ingriddtrejoo @Integridad\_AC

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/CR

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