Del relanzamiento del PAN el pasado fin de semana, a diferencia de quienes dicen que no existe diferencia respecto a lo que era el partido hasta hace unos días, veo un elemento que reubica la identidad e ideología de un partido que se resistía a ser el partido conservador. El partido que se definía moderadamente como de centro derecha y que en más de una elección escondió sus verdaderos valores para intentar ganar votos, hoy se posiciona de lleno en la derecha y coquetea con la ultra derecha y el pensamiento libertario.
Honestamente, es de celebrarse que a los conservadores ya no les de miedo reconocer que lo son. A pesar de que la dirigencia no se ha atrevido a posicionarse respecto al aborto, los derechos LGBT y los matrimonios igualitarios, la militancia y los cuadros superiores hablan francamente de un partido conservador que no comulga con la “tiranía woke”.
El movimiento desde la centro derecha a la derecha obliga al panismo a asumir su papel en la política nacional como el partido conservador, ese que en la escuela nos enseñaron que desmanteló Juárez en la intervención francesa y la Reforma. Uno que ha gozado de la peor propaganda desde los libros de texto gratuito y que, después de la Revolución Mexicana, parecía que jamás se presentaría en la escena política. Ese mismo al que López Obrador y la actual presidenta, Sheinbaum Pardo, han denostado durante años en las mañaneras. Ese partido ha vuelto.
SERY GAY EN EL PAN ¿UN PROBLEMA?
En la marcha llevada a cabo el pasado fin de semana en la Ciudad del México, se hizo viral el momento en que el Dr. Raúl Tortolero, presidente del Consejo Nacional de la Nueva Derecha, solicitó a un militante bajar la bandera del arcoíris argumentando que la insignia “marxista posmoderna” no cabe en el evento de redefinición del partido. Y sí, el nuevo esquema de valores al que se está dirigiendo el partido blanquiazul es uno donde, en un primer paso, se traslada este derecho al ámbito de la vida privada.
Si eres homosexual “es tu problema”, reviró el panista al asistente durante la discusión. Sin embargo, no hay que tener dos dedos de frente para reconocer que el panismo rechaza todo aquello que no se ajuste a los valores de la también llamada “democracia cristiana”. Sí, en un México gobernado por este nuevo PAN, no cabrían las conquistas de la comunidad LGBT.
DE CARA A LAS INTERMEDIAS
Primero que nada, adiós al PRI. Se acaban las alianzas que, si bien en los números se entendían, en el espectro ideológico eran inverosímiles. El alto precio de las alianzas electorales sólo lo pagó el PAN. El PRD ya estaba destinado a la extinción y el PRI, más débil que nunca, era el amigo más incómodo, impresentable. El pensar en la inmediatez electoral le ha costado al PAN perder credibilidad, identidad y rumbo.
Hoy, sin perfiles o liderazgos fuertes, le toca ceñirse a su verdadero proyecto de nación, reconocer a su verdadero electorado y encontrar un espacio entre los ciudadanos inconformes con el actual régimen. Veremos si realmente la dirigencia está dispuesta a sacrificar los procesos electorales necesarios para reconstruir su base social. No vaya a ser que caiga más rápido un hablador que un cojo y volvamos a ver a los candidatos panistas promoviendo agendas progresistas.