@EstefaniaDeGar3
La disputa por el poder político en nuestro país acapara la atención de los diferentes actores políticos, mientras la sociedad sigue esperando respuestas a problemas que atentan contra el bienestar y vida de las personas. Desde la presidencia de la República se atiza la polarización a partir de una narrativa excluyente, antidemocrática y totalitaria.
Excluyente porque las decisiones de gobierno que nos conciernen a todos son tomadas a partir de una sola visión y una sola voz. Invalida la opinión y pensamiento de cualquier otro actor político o social que no se acomode a su “verdad” y su “razón”. Un ejemplo de ello fue la descalificación hacia un grupo de ambientalistas, entre los que se encontraban algunas figuras públicas, que cuestionaron el cambio de la ruta del tren maya por afectar los ecosistemas y naturaleza de la región.
Antidemocrática, ya que el diálogo que se supone debe prevalecer en cualquier gobierno medianamente democrático se cancela por los prejuicios y suposiciones de quien ostenta el poder. Así quedó demostrado con la cancelación del diálogo -por parte del gobierno federal- que iban a sostener el presidente de la República y el grupo de ambientalistas.
Totalitaria en la medida en que el grupo en el poder pretende imponer una visión única del país y quien no se ajuste a ella es tildado de “traicionar a la patria”. Tal como está sucediendo con las y los legisladores que votaron en contra de la reforma constitucional en materia eléctrica el pasado 17 de abril.
Mientras el grupo en el poder sigue abriendo diferentes frentes en su lucha por mantener el poder político, la atención a la agenda climática sigue siendo nula. Por el contrario, en esta narrativa excluyente, antidemocrática y totalitaria los temas ambientales se consideran irrelevantes y marginales. En la visión política de la llamada Cuarta Transformación la agenda medioambiental tiene un tufo neoliberal y, por ende, está en contra del desarrollo nacional.
Como en la era posindustrial de la segunda mitad del siglo XX, el progreso, la soberanía nacional y el desarrollo económico se basa en la explotación de los recursos naturales, no en su protección o conservación. En esta lógica, se niega en los hechos y acciones del gobierno la emergencia climática que estamos viviendo.
Es una realidad que este gobierno no hará nada por atender los pendientes en la acción climática, menos en la restauración y conservación de los ecosistemas, y los recursos naturales. Del ámbito legislativo poco se puede esperar. La subordinación del bloque mayoritario en ambas cámaras del Congreso de la Unión seguirá hasta el final de esta legislatura. Así que no esperemos grandes cambios, acciones y, menos, mayor presupuesto para atender la emergencia ambiental.
Ante el vacío de la autoridad y la indolencia del movimiento obradorista, es urgente la cooperación entre líderes, activistas, organizaciones no gubernamentales, organismos internacionales y actores políticos comprometidos con la emergencia climática. Que los pocos no nos cierren las puertas por resarcir los daños que hemos creado al medio ambiente y la naturaleza.
En Movimiento Ciudadano no estamos cruzados de brazos. Iniciamos un importante diálogo con organizaciones, líderes y activistas que al igual que nosotros estamos impulsando la declaratoria de emergencia climática en todo el país. El siguiente paso es pasar de las ideas a la acción, y de la acción a los cambios que conlleve a la mitigación y adaptación al cambio climático, particularmente de los grupos sociales en situación de vulnerabilidad.
Unidos, sociedad, organizaciones, líderes, activistas y Movimiento Ciudadano buscaremos construir un Frente por la Emergencia Climática.