Se sabía que en cualquier momento habría un hecho entre el gabinete presidencial o de la línea gubernamental de la Cuarta Transformación, con un impacto periodístico relevante en la esfera pública que detonaría la Opinión Pública y encendiera los ánimos entre las llamadas “corcholatas” presidenciales, hecho que se detonó con el lamentable suceso ocurrido en el centro de detención del Instituto Nacional de Migración de Ciudad Juárez, donde fallecieron asfixiados y quemados 39 migrantes.
Este hecho generó un cruce de declaraciones entre corcholatas, tal fue el caso del secretario de Gobernación, Adán Augusto López, quien responsabilizó por la política migratoria a la Secretaría de Relaciones Exteriores, encabezada por el canciller, Marcelo Ebrard.
Por su parte, Ricardo Monreal llamó al titular del Instituto Nacional de Migración (INM), Francisco Garduño Yáñez o al canciller Marcelo Ebrard a “dar la cara”, al tiempo que criticó que el secretario de Gobernación, Adán Augusto López, del cual depende este instituto, señalara que no se atendió la situación de fondo, y que solo “se haya dedicado a repartir culpas”, en contra de Marcelo Ebrard Casaubón.
Por su parte, Adán Augusto dijo después que, se refería a un decreto en el que se establece que la política migratoria es cuestión de Relaciones Exteriores, pero que todos los que integran la Comisión Intersectorial tendrán que seguir el caso, hecho con el que se bajó la tensión.
Pero, a finales de marzo, la otra aspirante presidencial, Claudia Sheinbaum Pardo, jefa de Gobierno de la Ciudad de México, entró en esta dinámica luego de “invitar” al canciller a formar parte de su gabinete, cuando se convierta en presidenta de México.
Al respecto, Ebrard lo calificó como un “amable gesto” y respondió de una forma -atípica-: “qué tierna, ¿no? Yo lo que diría es que estuviera conmigo en algún cargo en el gabinete que yo voy a encabezar”, comentó el canciller.
Me parece que en temas afines a la Comunicación Política se están aprovechando las premisas de producción, difusión y diseminación de los efectos de la información en un contexto político, en el cual, la ciudadanía, los votantes, la materia prima de la política, están cambiando de opinión o decidiendo su postura.
Está más que claro que son los cambios de actitudes las áreas de oportunidad para las corcholatas, y parece que la oposición está guardando su carta fuerte hasta instantes claves, previo al registro de candidatos. Es por ello, que de cara al proceso electoral del 2024 se estudiarán y explotarán al por mayor: información y actitudes políticas, información política y creencias políticas, información política y participación ciudadana.
¿Quién será el personaje político más preparado? O mejor dicho, con más estructura e idea de campaña en la que, la principal dificultad es llegar a dos tipos de electores, los jóvenes a través de la tecnología y los adultos, por la campaña territorial clásica. Que gane el más hábil.