Síguenos @ContraReplicaMX
Columnas
La prioridad de la política de Estados Unidos, encabezada por Donald Trump, será apoyar de nuevo a Israel, tanto que tendría que ser parte del poder de ese país desde la Casa Blanca. Los partidos israelíes carecen de popularidad, la economía en quiebra, parte de las ciudades en ruinas, con un presidente repudiado.
Trump tendrá que ser presidente de dos países y. eso, a los casi 80 años parece un reto difícil de superar. Si realmente quiere empezar desde las causas raíces a reconstruir las instituciones geopolíticas de Estados Unidos debe empezar por impedir el avance del deterioro de su socio y cómplice más importante: Israel, donde la clase política está destrozada, mantienen, desde el inicio de los ataques desde Líbano e Irán a su territorio el rechazo generalizado de la población.
Como si se tratara de un padrino de la mafia, Trump tendrá que hacer las veces de presidente de otro país, padre y madre de los israelíes, principalmente de los sionistas por su identificación con la supremacía nazi, perdón sionista, ante el total deterioro político y económico, tema que no tocan los medios pero que cada día se filtran más datos sobre su desastre sin precedente, las manifestaciones en las calles contra Natanyahu y los partidos que creyeron que al unirse al genocida cierran las vialidades ante el peligro que implica al necedad del expansionismo israelí.
En Medio Oriente Israel no tiene buenas relaciones con sus vecinos, su único asidero para mantenerse con fuerza es Estados Unidos, una especie de codependencia militar, económica y política y bélica.
Los soldados de Netanyahu, acostumbrados a pelear contra niños y mujeres palestinos, han sido derrotados en varias ocasiones; de hecho, las detenciones a niños y ancianos nunca fueron para estos imberbes gendarmes, un asunto fácil.
Al llegar a la oficina Oval, Trump verá que el incremento a aranceles con México sólo fue una anécdota, que sólo sirvió a la oposición mexicana para tener contenido en sus discursos, por lo regular vacíos. Si quiere tener hegemonía mundial y detener el deterioro de sus imperios, debe apoyar a Israel por la simbiosis que mantiene buena parte de la hegemonía en la ONU, y en múltiples foros.
Trump acaba consolidar en lo interno su liderazgo, pero en el exterior, sin una guerra ganada en el último siglo, es urgente que mueva, de manera pacífica, la imagen de Israel, aunque sólo mediáticamente. Reconstruir el tejido social atemorizado y darle vigencia a un sistema político deshecho por la guerra y los asesinatos de Netayahu.
La enfermedad de Trump y Netayahu, requieren una urgente terapia que implica cambios radicales en ambos gobiernos. El mundo cambió y ellos se quedaron en la guerra fría. Viven todavía en la Segunda Guerra Mundial, invaden a sangre y fuego el mundo.