Ayer, las Comisiones Unidas de Puntos Constitucionales y Estudios Legislativos del Senado, aprobaron el dictamen de Plan B en materia electoral. En la sesión,los legisladores del Partido de Trabajo se ausentaron justo cuando su presencia y voto eran una señal determinante; permitiendo que la mayoría de Morena y del Partido Verde Ecologista aprobaran el dictamen como lo tenían previsto, ya que los 11 votos en contra de Movimiento Ciudadano, PRI y PAN ya estaban anticipados.
La ausencia del PT es una señal clara de que; si no hay acuerdos; no avanzará el Plan B, dejando claro el peso de su voto y su valor como partido aliado.
El dictamen del Plan B ya está en el Pleno para su votación, por lo que es momento de cuestionarnos: ¿hacia dónde se dirige la política de la actual administración? Los mexicanos no enfrentamos un gobierno autoritario definido,mucho menos fascista, sino más bien, nos enfrentamos a un sistema político y de gobierno distinto a lo que conocemos, y que hoy ya podemos definir comodemocracia iliberal ¿Qué significa esto? Una democracia en la que hay elecciones periódicas, pero donde se erosionan los principios liberales que deberían limitar el ejercicio del poder.
La política de la actual administración y sus reformas se están perfilando hacia este modelo, la democracia iliberal, la cual se caracteriza por mantener elecciones formales, a menudo populares, pero sin garantías plenas de equidad, libertad de prensa o pluralismo político, lo cual se ha evidenciado desde hace siete años; por ejemplo, en las mañaneras se dicta de manera unilateral lo que está bien y lo que está mal, atacando a los de la oposición y generando una narrativa directa a favor del partido en el poder.
Si analizamos los sucesos de estos últimos años sin apasionamiento, podemos establecer que la Cuarta Transformación, de forma meticulosa, ha venido construyendo esta nueva forma de democracia permitiendo al ejecutivo desarrollar sus funciones bajo sus propios criterios e ideología, sin contrapeso que limite su actuar, legitimando sus acciones bajo unargumento simple; es la voluntad del pueblo.
Bajo este contexto, Incorporar la revocación de mandato como parte prioritaria de su Plan B, que aun cuando no redefine por sí sola el rumbo del sistema, sí es una pieza clave para inclinar la competencia política a favor del oficialismo. El Plan B no rompe la democracia, pero sí apuntala el control, y su importancia se potencializa al combinarse con las otras medidas adoptadas en los últimos años para consolidar el proyecto de transformación.
Esta transformación no solo ha sido impulsada por el Ejecutivo y su partido, sino también facilitada por la pasividad y los errores de la oposición. Mientras Morena y sus aliados consolidan el poder, los partidos opositores permanecen incapaces de ejercer contrapesos efectivos que generen confianza en los ciudadanos.
Lo cierto es que México enfrenta un momento crítico. La democracia iliberal no seha impuesto de manera abrupta, sino que se ha construido paso a paso. Cada decisión, cada reforma y cada ausencia de contrapesos han permitido reforzareste proceso, razón por la cual la vigilancia ciudadana y la independencia de las instituciones, son claves para impedir que el país caiga en una democracia manipulada y sin verdadera representación.
Debemos estar conscientes de que la concentración del poder en el Ejecutivo,capaz de intervenir desde Palacio Nacional en la vida soberana de los estados, no solo representa un peligro, sino una fractura del pacto Constitucional que dio origen a nuestra nación.
La democracia no suele morir de golpe; se desgasta en silencio. Y México, hoy, parece avanzar precisamente por ese camino.
Javier Agustín Contreras Rosales. Colaborador de Integridad Ciudadana AC, Contador Público, Especialista en Instituciones Administrativas de Finanzas Publicas, Maestro en Administración Pública @JavierAgustinCo @Integridad_AC