La captura de Hernán Bermúdez Requena, alias “El Abuelo” o “Requena”, líder del cártel de La Barredora en Tabasco, ocurrida el pasado 12 de septiembre en Paraguay, es un parteaguas en la lucha contra la corrupción y el crimen organizado. No se trata únicamente de una operación exitosa en el extranjero, sino de un mensaje político y judicial que podría marcar la diferencia en la credibilidad del gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum.
El anuncio de la detención de Bermudez Requena llegó en voz de Omar García Harfuch, secretario de Seguridad, quien difundió un mensaje con fuerza simbólica: por instrucciones presidenciales, bajo el principio de “Cero tolerancia a la corrupción”, diversas instituciones mexicanas actuaron de manera conjunta. Participaron el Centro Nacional de Inteligencia, la Secretaría de la Defensa, la Marina, la Fiscalía General de la República, la Guardia Nacional y la Secretaría de Seguridad Pública y Protección Ciudadana, con apoyo de la Unidad de Inteligencia Financiera. Además, la colaboración de Paraguay fue un recordatorio de que la cooperación internacional es indispensable en un mundo donde las redes criminales no conocen fronteras.
La opinión pública reaccionó: para muchos, sobre todo en la oposición, Bermúdez ya fue juzgado y condenado. Sin embargo, la verdadera prueba apenas comienza. Corresponde ahora a la justicia mexicana, y particularmente a los jueces electos de manera popular bajo el nuevo modelo impulsado por la Cuarta Transformación, demostrar que este caso puede ser tratado con rigor, imparcialidad y sin el tufo de la impunidad. En este punto reside la trascendencia: no basta detener capos, lo crucial es que se rompa la cadena de complicidades que históricamente han permitido que el poder político, económico y criminal se entrelacen.
La operación también exhibe los frutos de la nueva Ley del Sistema Nacional de Investigación e Inteligencia, que facilita el intercambio de información entre dependencias y con gobiernos extranjeros. La eficacia en este caso abre la puerta a que la norma no se quede en letra muerta y se convierta en herramienta de Estado para enfrentar la corrupción que corroe instituciones y mina la confianza ciudadana.
La detención de Hernán Bermúdez es, sin duda, una buena noticia. Pero no debe convertirse en un hecho aislado ni en propaganda política. Si de verdad inaugura una etapa distinta, veremos procesos judiciales sólidos, sanciones ejemplares y, sobre todo, una justicia que no dependa de pactos de impunidad. Ese será el verdadero legado: que el combate a la corrupción no se mida por los titulares del día, sino por la construcción de un sistema que impida que otro “Requena” surja con la misma facilidad. Eso pienso yo, usted qué opina. La política es de bronce.
@onelortiz
https://youtu.be/nhJhSVgeKO8?si=WF-KqfjiEJgYD7bA