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Columnas
Por Onel Ortíz Fragoso
@onelortiz
La masacre de Texcaltitlán, donde 14 personas resultaron muertas después de un enfrentamiento entre una célula de la Familia Mexicana e integrantes de una comunidad de ese municipio, nos enfrenta a nuestros peores demonios.
¿Quién mato al comendador? ¡Fuente Ovejuna señor! Estas muertes expresan el hartazgo de la sociedad ante el crimen organizado y el desgobierno en esa región limítrofe del Estado de México, Michoacán y Guerrero. ¿Cuántas ocasiones denunciaron las extorsiones, los levantones y los abusos? ¿Quién hizo algo para ayudarlos?
Un servidor, al igual que quizá muchos ciudadanos al ver el video que fue tendencia en las redes sociales, pensó o incluso comentó, “que bueno, por fin alguien le puso un alto a estos delincuentes”; un sentimiento similar al experimentado cuando los pasajeros de una combi dieron su merecido a unos asaltantes en una ruta de transporte, también del Estado de México.
Muchos usuarios y consumidores de contenidos de redes sociales saludaron el hecho, apoyaron a los integrantes de esta comunidad que asesinó a 11 delincuentes y la mentaron la pérdida de tres de ellos. Algunos más, expresaron su apoyo a permitir la portación de armas a los ciudadanos.
Después del impuso justiciero, la sensatez regresa. El pueblo no puede hacerse justicia por propia mano. No es posible el “ojo por ojo, diente por diente”. ¿Qué pasaría si se permitiera la portación de armas? No se. Lo que estoy seguro es que en situaciones como las de Texcaltitlán no hablaríamos de 14 muertos, sino de decenas de decesos.
La masacre de Texcaltitlán es la verdadera toma de posesión de Delfina Gómez como gobernadora y de la eficacia y oficio de su equipo. Se acabó la luna de miel. Tienen que demostrar que poseen los tamaños para estar al mando de la entidad más importante del país. Las autoridades estatales son las directamente responsables de la paz y tranquilidad de esta región mexiquense.
Las primeras declaraciones y acciones de la gobernadora, en las que solicitó presencia permanente de las fuerzas federales, son correctas, pero no basta. En esta región el tejido social está roto, se necesita una acción integral de todos los recursos del Estado mexicano y del Estado de México.
¿Qué sigue para Texcaltitlán? Si de verdad este gobierno es diferente, las fuerzas federales y estatales deben garantizar la paz en esa región, con una intensa coordinación con los estados de Michoacán y Guerrero; así como, avanzar en el desmantelamiento de los grupos criminales. La Fiscalía del Edomex debe deslindar responsabilidades y, sobre todo, debe ponerse en práctica una política pública para el desarrollo de esa región y de bienestar de sus habitantes.
Pronto veremos si las cosas cambiaron o fue simple demagogia. Eso pienso yo, ¿usted qué opina? La política es de bronce.