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La pigmentocracia

La pigmentocracia

Columnas jueves 15 de agosto de 2019 - 02:54


En las Perspectivas del Barómetro de las Américas 2012, elaboradas por la Agencia de los Estados Unidos de América para el Desarrollo Internacional —USAID From the American People, por sus siglas en inglés—, encontramos una de las primeras referencias científicas sobre la pigmentocracia, desarrollada en 1944 por el antropólogo chileno Alejandro Lipschutz.

Según Lipschutz, la pigmentocracia, esencialmente implica que el color de piel y la raza son la base de la jerarquía social, política y económica en nuestros países.

La pigmentocracia no sólo es un concepto de estructura jerárquica-social, sino que puede medirse empíricamente, como lo demuestra la aplicación de la escala cromática realizada por el Inegi mediante el Módulo de Movilidad Social —MMSI—.

Los datos publicados por el Inegi en 2017, muestran que el MMSI se basó en el Proyecto sobre Etnicidad y Raza en América Latina —PERLA, por sus siglas en inglés—, que clasifica la piel en 11 tonalidades con el propósito de que el propio entrevistado identifique su color.

De las personas que se autoclasificaron en las tonalidades de piel más clara, sólo 10 por ciento no tenía escolaridad alguna. Esa cifra se duplicaba a 20 por ciento para las personas que se autoclasificaron en las tonalidades de piel más oscuras. Mientras más oscuro el color de piel, los porcentajes de personas ocupadas en actividades de mayor calificación se redujeron. Cuando los tonos de piel eran más claros, los porcentajes de ocupados en actividades de media y alta calificación subieron.

Este estudio nos revela que en México vivimos complejas desigualdades sociales. No somos una sociedad homogénea, aunque habitamos un mismo país.

Nuestras diferencias son profundas, estructurales y transversales, nadie puede negarlas y, por el contrario, debemos visibilizarlas para seguir desarrollando políticas públicas que transformen la realidad positivamente, nos permitan cerrar brechas y concretar el progreso social que ordena nuestra Constitución. La equiparación social debe ser prioridad para gobierno y sociedad.

Desde la lente democrática, debemos rechazar que el tema haya sido usado como bandera de ataque entre distintos grupos, bajo criterios de oportunidad política.

De un lado, el grupo que apunta que la pigmentocracia no existe, que estamos ante una ocurrencia de quienes simpatizan con el Gobierno federal, y por ello la descalifican.

De otro, el sector que llegó al extremo de sostener que el hecho de usar la expresión en forma burlona proyectaba el racismo y la discriminación de la sociedad mexicana. Ambas posturas son profundamente antidemocráticas y en nada coadyuvan a resolver el problema.

Debemos reconocer que tenemos diferencias por razones religiosas y morales; grupos sociales y cuestiones raciales. Sin embargo, éstas solamente pueden resolverse cuando los sectores de la sociedad actúan con tolerancia y pluralismo, buscando un entendimiento pacífico y la construcción de soluciones.

No al odio, división y exclusión. Construyamos ciudadanía.


•Especialista en Derecho Constitucional
y Teoría Política


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/CR

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