Quien se encarga de cohesionar a Morena, de provocar la operación cicatriz del movimiento será nada menos que Xóchitl Gálvez. El escenario en el partido en el poder era impredecible hasta que aprovechó la tribuna para dar inicio a su campaña en busca del voto antes de tiempo y fuera de lugar.
Porque las heridas que dejó la contienda interna en el partido en el poder parecían difíciles de cerrar; sin embargo, ante las agresiones de un enemigo común que surge del callejón de las peleas, provoca la unificación de quienes, se verían con resentimiento dentro de Morena.
La toma de la tribuna de la Cámara de Diputados por la senadora panista-perredista-priista, creó un frente que no existía para contrarrestar sus actos y no porque pudiera mermar el poderío de Morena, sino porque el atrevimiento de que una persona, como ella, violentara impunemente el orden legislativo, y debe ser contenida con la misma audacia, aunque con inteligencia.
Así, la entrega del Quinto Informe de Gobierno de Andrés Manuel López Obrador se convirtió en el inicio de una campaña circense luego de un proceso de selección accidentado, corrupto y amañado.
Para nadie fue una sorpresa que el paroxismo que identificó al PAN siempre, tuviera una expresión pública que resumiera su conducta parlamentaria. La política nunca ha sido su tema a debatir, sólo exhibió como algunas apariciones que surgían de la negación, el pesimismo y la carroña como consigna para tratar de destruir lo que el gobierno decidía.
Ese exceso de simplismo violento es el que terminará por unir a los precandidatos morenistas que se convertirán en dique de contención de las agresiones verbales de quien nunca ha hecho política de otra manera: Xóchitl y el PAN. No se unirá la 4T porque ven el peligro de ver mermada su aceptación social o electoral sino por la insolencia de quien nunca debió llegar tan lejos, porque no está preparada para habitar esas alturas. Así como la acrofobia pone mal a quien la padece, así para la candidata del Frente, al subir se marea y pierde el sentido más elemental de la realidad y del respeto. La insolencia no es rebeldía ni la patanería irreverencia.
Esa vulgar arrogancia de quienes pierden el piso será el primer factor que impulse a cerrar filas y dejar lo más abajo posible en las elecciones a quien nunca aprendió a volar más allá de sus limitaciones.
Las corcholatas están tan cerca de la ruptura como de la unidad, si llega un enemigo externo, reconsiderarían su división para concentrar fuerzas y reivindicar lo que se muestra desde ahora como enorme impertinencia que debe ser sancionada por las autoridades electorales, sobre todo, tomando en cuenta que no ha renunciado a su senaduría y ya está haciendo campaña de proselitismo.