Las leches vegetales caseras se han convertido en una alternativa cada vez más popular frente a la leche de origen animal, ya que son económicas, no contienen conservadores y permiten controlar los ingredientes. Entre las opciones más comunes se encuentran la leche de avena y la de almendra, ambas sencillas de preparar en casa con pocos insumos.
Para elaborar leche de avena casera, se recomienda seguir estos pasos básicos:
- Remojar una taza de hojuelas de avena durante 20 a 30 minutos para mejorar la digestión y la textura.
- Enjuagar la avena para retirar el exceso de almidón.
- Licuar la avena con tres o cuatro tazas de agua y, de forma opcional, endulzantes o especias como vainilla o canela.
- Colar la mezcla con una manta de cielo, bolsa especial o colador fino.
- Refrigerar en un frasco de vidrio hasta por cuatro días.
En el caso de la leche de almendra, el proceso es similar, aunque requiere un mayor tiempo de remojo:
- Dejar una taza de almendras crudas en agua durante ocho a doce horas.
- Escurrir y enjuagar; retirar la piel es opcional para lograr una textura más suave.
- Licuar las almendras con tres o cuatro tazas de agua y endulzante al gusto.
- Colar la preparación y exprimir bien la pulpa.
- Conservar refrigerada en un recipiente hermético hasta por cinco días.
La pulpa sobrante de ambas preparaciones puede reutilizarse en recetas como hot cakes, galletas, granola o licuados, lo que contribuye a reducir el desperdicio de alimentos. Estas bebidas vegetales pueden consumirse solas, con café, cereales o como base para otras preparaciones.