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Los López y Sheinbaum tendrán la razón

Los López y Sheinbaum tendrán la razón

Columnas lunes 16 de diciembre de 2024 -

En el intrincado panorama político mexicano, la trayectoria de Ricardo Monreal se asemeja cada vez más a la de un cónsul romano al borde de su propia sentencia política, cuyo destino parece tallado no por las dagas de Bruto y Casio, sino por las estratégicas maniobras de sus antiguos correligionarios de MORENA. La expulsión de Monreal del partido oficial no es simplemente una ruptura, sino una ejecutada sentencia política que evoca los dramáticos momentos de la República romana, donde la traición y la ambición personal determinaban el ascenso y caída de los poderosos.

La narrativa de Ricardo Monreal representa un capítulo paradigmático de la política mexicana contemporánea, donde la lealtad es un concepto volátil y las ambiciones personales superan cualquier compromiso ideológico. Su alejamiento de MORENA no es un acontecimiento fortuito, sino el resultado de una compleja estrategia en la que Andrés Manuel López Obrador, Claudia Sheinbaum y Adán Augusto López Hernández han tejido meticulosamente los hilos de su aislamiento político. Similar a los cónsules romanos que fueron marginados por no someterse a las directrices del poder central, Monreal ha sido sistemáticamente relegado de los espacios de decisión que alguna vez consideró suyos.

La salida de Monreal del partido oficial no representa una pérdida significativa para MORENA, sino más bien la consolidación de un proyecto político que no tolera voces divergentes. La mayoría calificada en la Cámara de Diputados funciona como un blindaje institucional que neutraliza cualquier posible resistencia interna. Este escenario recuerda poderosamente los mecanismos de control político en la Roma antigua, donde la disidencia era sofocada mediante estrategias de aislamiento y marginación.

El error estratégico más relevante de Monreal radica en su incapacidad para comprender la dinámica del poder en el actual contexto político mexicano. Su apuesta por mantener una postura independiente dentro de MORENA, su intención de competir por candidaturas presidenciales y su resistencia a someterse completamente a las directrices de López Obrador fueron interpretadas como actos de rebeldía que debían ser castigados. La precisión con la que fue desarticulada su estructura política recuerda a las conspiraciones senatoriales que precedían la caída de los líderes romanos.

Adán Augusto López Hernández emerge como uno de los principales beneficiarios de esta reconfiguración política. Su lealtad incondicional a López Obrador y su capacidad para neutralizar potenciales competidores lo posicionan como un operador político de primer nivel. La salida de Monreal no solo debilita cualquier posible corriente crítica dentro de MORENA, sino que fortalece la línea-Succesoria que Sheinbaum representa para dar continuidad al proyecto de la Cuarta Transformación.

La comparación con los asesinatos políticos del Senado romano no es una metáfora gratuita. Al igual que en aquellos tiempos, la eliminación de voces disidentes no se realiza mediante puñales, sino a través de mecanismos institucionales que desarticulan cualquier posibilidad de resistencia. Monreal ha sido políticamente "ejecutado" sin necesidad de derramar sangre, utilizando las herramientas propias del sistema político mexicano: la marginación, el aislamiento y la desarticulación de sus estructuras de poder.

El contexto actual resulta particularmente favorable para MORENA. Con una mayoría calificada en la Cámara de Diputados, el partido oficial no requiere de figuras como Monreal para mantener su hegemonía legislativa. Su salida representará más una depuración que una pérdida, una cirugía política que elimina elementos potencialmente conflictivos para mantener la cohesión del proyecto gubernamental y alejarse de luminosos flashazos de corrupción y de falta de austeridad.

La trayectoria de Monreal ilustra los límites de la disidencia en un sistema político cada vez más centralizado. Su intento por mantener una postura independiente dentro de MORENA fue interpretado no como un acto de crítica constructiva, sino como una amenaza a la unidad del movimiento. Su destierro político evidencia que en el actual escenario mexicano, la lealtad absoluta es la única moneda de cambio válida.

La historia de Ricardo Monreal se inscribe así en una tradición política donde los individuos son prescindibles ante el proyecto colectivo. Su caída no representa una tragedia personal, sino un síntoma de la lógica política imperante: quien no se somete, es eliminado. Y en este tablero de ajedrez político, Monreal ha sido un peón sacrificado para fortalecer la estrategia del rey y de la reina.


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