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Columnas
Los millones de voces que asegura la derecha que está detrás de sus ideas, propuestas y líderes, surgen de los millones de bots que, con dinero, trata de darle carne y hueso en sus discursos la oposición. Ahí están a la venta como zombies que vuelan como bacterias sin contagiar a nadie de mentiras.
Afirmar que los bots son personas, opiniones, voces o votos es producto de un problema que surge de vivir en un mundo paralelo, donde la verdad no existe. La fantasía impera y quiere contagiar para manipular.
Para la derecha, la política es un video juego del que ya había dado muestras de su existencia, con lamentables resultados, Ricardo Anaya, que convirtió la campaña en una diversión y se sentó a esperar el triunfo electoral que todavía no llega.
Los apoyos propagandísticos artificiales, mostrando más de 20 millones de pesos en tratar de desgastar la imagen de la Presidenta, del partido y del Movimiento, mostrados en la conferencia matutina hablan también de aquellos que, en la nostalgia de haber sido nombrados en algún momento Líderes de opinión, ahora necesitan de esas mismas granjas de bots que disfrazan de likes a lo largo de sus secuencias y consecuencias radiofónicas y televisiva para convertirlas en audiencia de carne y hueso ante los ingenuos.
Recientemente hemos visto una traición imperdonable del secretario de Relaciones Exteriores, Juan Ramón de la Fuente, quien ofreció un espacio laboral a la hija de uno de los agresores más feroce del gobierno. Un violentador del discurso mediático impune que basa sus contenidos en mentiras. Cuando se cuestionan errores reales se hace periodismo, pero cuando se inventa sólo para agredir se vuelve chisme, y debiera ser un delito.
Acostumbrados a hablar lo que se les ocurría por consigna y tarifas personales, ahora les resulta fácil acudir a la mentira para sobrevivir. La ausencia de subsidios a los comentócratas que reducen su capacidad de comunicación a la cantidad de dinero que le den por sus espacios, les ha vuelto locos. Y son capaces de inventar cualquier cosa para mantener su nivel de vida, superfluo, frívolo, fantasioso.
Esos conductores de programas noticiosos afirman que los bots representan personas que forman parte de su auditorio, cuando en realidad han perdido la credibilidad y acuden a los bots para seguir siendo lo que creyeron ser, porque en realidad nunca nadie les creyó. El grito de prensa vendida se escuchó fuerte en las calles desde hace casi 57 años, cuando los estudiantes, en 1968, detenían su marcha para gritar frente a los edificios que albergaban los únicos medios que existían en el país para gritarles Prensa Vendida, ahora, los bots son la tabla de salvación de los medios convencionales y de los partidos políticos que naufragan en un mar de lodo.