La megalomanía de Narendra Modi sigue rampante. Ahora, al parecer, pretende cambiar el nombre de la India por el de “Bharat”, el término sánscrito para designar a la India, el cual que se encuentra en antiguas escrituras hindúes escritas hace unos dos mil años. La palabra también significa “India” en hindi, uno de los muchos idiomas hablados en el inmenso y diverso territorio de la India. Sin embargo, “India” también tiene raíces profundas, la cuales pueden rastrearse hasta las muy antiguas civilizaciones del río Indo y ha sido el término utilizado durante muchos siglos desde los antiguos griegos hasta su adopción por los británicos. Sin embargo, para Modi y sus correligionarios “India” solo representa esclavitud colonial. Esto es una reinterpretación flagrante y falaz de la historia, una más de las perpetradas por el régimen en su afán por afianzar su modelo autoritario y excluyente.
El primer artículo de la Constitución establece con una solitaria frase: “India, es decir, Bharat, será una unión de estados”. En todo el resto del texto se hace referencia al país únicamente como “India”. Esta designación, más general, pretende ir acorde con el carácter de un país profundamente multicultural. Pero Modi y su partido nacionalista hindú (el BJP) rechazan el legado de los padres fundadores de la India moderna. Detestan el laicismo y el multiculturalismo y por eso ahora pretenden adoptar un nombre concerniente, sobre todo, al sector hinduista. Esto va acorde con sus intentos de reescribir la historia eliminando los rastros de un complejo pasado cultural inconvenientes a la ideología política y religiosa del BJP, el cual ha iniciado desde hace años un frenesí de cambios de nombre de monumentos oficiales y lugares públicos para desterrar del pasado oficial cualquier mención al largo predominio mogol/musulmán y prescindir de cualquier remanente del dominio británico. Asimismo, de cara a las elecciones generales del próximo año, el BJP asesta un golpe ingenioso a sus oponentes políticos, quienes formaron una coalición de veintiséis partidos llamada INDIA, acrónimo en inglés de la “Alianza Nacional India para el Desarrollo Inclusivo”.
El nombre “India” implica algo muy grande: una ambiciosa identidad pluricultural. Lejos de constituir “una iniciativa triunfal para deshacerse de las cadenas coloniales”, como la describen los sicofantes del primer ministro, el cambio de nombre es un desastroso proyecto megalomaníaco de Modi, el cual puede tener pavorosas consecuencias para las pretensiones de India de convertirse en un protagonista mundial de primer nivel. La pasada cumbre del G-20, celebrada en Nueva Delhi, confirmó la creciente importancia internacional del país. Pero el proyecto ideológico de Modi consiste en la creación de un país donde los no hindúes sean ciudadanos de segunda clase. Sí este criterio prevalece, India no podrá funcionar ni como líder, ni como ejemplo.