Exdiputada federal, asesora de la AC Impulsa y colaboradora del STUNAM
En los últimos días se ha corrido la versión de que el supuesto sabotaje¬ en el Sistema de Transporte Colectivo (STC) del que habla el gobierno de la Ciudad de México –después del accidente en la Línea 3 que dejó como saldo un muerto y más de 100 heridos–, tiene como fondo generar un caos social que termine en tragedia humana y de paso política.
Los integrantes de la 4T insisten en que lo que sucede en el Metro no se debe a recortes presupuestales, ni a la falta de mantenimiento o a la ineptitud o incompetencia de los funcionarios o trabajadores. La oposición en la Ciudad de México considera que, para el gobierno de la Ciudad de México, el Metro no es una prioridad y dudan de los resultados de las investigaciones que actualmente realiza la Fiscalía General de Justicia local.
Sobre el supuesto sabotaje¬ en el STC, el líder sindical Fernando Espino expresó que atribuirlo a los trabajadores resulta una ofensa para sus agremiados y lamentó que se quiera desviar la atención con este tipo de declaraciones. “Ningún trabajador en el mundo va a actuar en contra de su propia fuente de trabajo; en ningún momento vamos a aceptar que es sabotaje” –aseguró.
La presencia de la Guardia Nacional (GN) en las instalaciones del Metro ha generado inconformidad en diversos sectores, lo cual obligó al presidente Andrés Manuel López Obrador a defender la decisión, que dijo, busca garantizar que no se cometan actos de sabotaje¬ y proteger a los usuarios. Incluso mencionó que a los opositores todo les parece mal y tal parece que buscan una desgracia mayor para descalificar el trabajo del gobierno.
La decisión de comisionar a más de 6 mil elementos de la GN a realizar labores de custodia –sin un plan estratégico y personal especializado–, servirá de muy poco, pues los integrantes de esa corporación no están para recoger de las vías latas de refresco, aspas de lavadoras o aprehender a manifestantes que se oponen a la militarización del Metro. Su presencia obedece a reforzar la idea del sabotaje¬ para disfrazar la falta de mantenimiento de este vital medio de transporte.
Hay que recordar que al gobierno capitalino no le parecieron convenientes –por serles técnicamente desfavorables–, las conclusiones del peritaje del colapso en la Línea 12 que realizó la empresa noruega DNV, en el cual se atribuían las causas del mortal percance a la falta de mantenimiento y no solo de construcción. Deseaban un dictamen a modo, que les permitiera explicar de forma políticamente correcta las razones de la catástrofe.
Debemos ser claros: la presencia de la GN no ha evitado que se produzcan nuevos incidentes en las instalaciones del STC. Tan solo el domingo pasado se registró el desprendimiento de dos vagones en un tren de la Línea 7; un corto circuito en la Línea 8 y la presencia de humo en la estación Bellas Artes. Estos acontecimientos, en los que no hubo heridos, fueron calificados por los directivos del Metro como “situaciones totalmente atípicas”.
Diversos analistas y columnistas se preguntan por qué la Jefa de Gobierno se niega a aceptar que las finanzas de este sistema de transporte se encuentran en números rojos y también a qué se debe el que no haya solicitado presupuesto extraordinario para implementar un plan de financiamiento para su modernización y ofrecer así un servicio seguro y confiable a los usuarios.
En este sentido, es importante mencionar que el año pasado no se ejerció el 50 por ciento del presupuesto destinado al mantenimiento y que los subejercicios detectados ocasionaron que 4 de cada 10 pesos no fueron gastados, por lo que se debe exigir una explicación sobre esta anómala y perversa situación en sus finanzas.
Por ello –ante los lamentables hechos acontecidos recientemente en el Metro–, la gente viaja hoy con temor, debido también a los continuos apagones, inundaciones y fallas en el sistema de frenado de los trenes. Es evidente que la falta de mantenimiento al Sistema de Transporte Colectivo pone en peligro la vida de los usuarios. No se trata de un asunto político, sino de cifras y datos tangibles.
Por otra parte –aunque no lo digan de manera abierta en la 4T–, se tienen indicios de que al parecer a la candidatura de Claudia Sheinbaum a la presidencia de la República, ya se llevó el tren, pues la más reciente pifia en torno al manejo que ha hecho su gobierno sobre al accidente de la Línea 3, fue festejar a todo pulmón –guitarra de por medio, con el cover El último beso de Frank Wilson and the Cavaliers que en México hicieron popular Los Apson–, la reapertura parcial de algunas estaciones de la Línea 12 que permanecieron cerradas durante año y medio por el desplome de un tramo entre las estaciones Tezonco y Olivos, en el que fallecieron 26 personas debido a la ineptitud y negligencia en el mantenimiento del Metro.
Y, aunque no deseamos convertirnos en agoreros del desastre, de continuar con su errada estrategia, Claudia Sheinbaum podría perder su lugar como la corcholata favorita, entre aquellas que buscan denodadamente la candidatura presidencial de Morena. Su figura ha sufrido un acelerado desgaste; parece que no cuenta con el apoyo de la clase media, ni del empresariado y por lo visto, muchos de los que votaron por ella en el 2018 no lo harían nuevamente si acaso resultara beneficiada por la decisión del todopoderoso Dios sexenal, que –a través de ella–, aspira a seguir reinando en el Olimpo mexicano.
Exdiputada federal, asesora de la AC Impulsa y colaboradora del STUNAM