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Los sobres manila y los sótanos de Pemex

Los sobres manila y los sótanos de Pemex

Columnas martes 08 de septiembre de 2020 - 00:56

Ríos de tinta, saliva y bilis, han corrido en torno de los videos de personas del más amplio espectro ideológico recibiendo dinero en efectivo.
En volúmenes similares, hemos escuchado discusiones en torno a si unos y otros son iguales y si los actos son comparables.
De lo que no queda mucha duda es que estamos hablando de calenturas de una misma enfermedad.
Si bien el dinero, presumiblemente sucio en manos de gente de poder, puede tener fines para los que la creatividad de nosotros los ciudadanos no alcanza. Hay un innegable denominador común que es el flujo de algo de ese dinero hacia campañas políticas en todos los niveles.
Desde la génesis de nuestra joven democracia electoral y a lo largo de su historia plagada de reformas, la preocupación sobre el rol que el poder económico juega en la pureza del reflejo de la voluntad popular a través del voto ha sido central.
Para nuestro sistema electoral sigue siendo vertebral que el financiamiento privado nunca supere al financiamiento público.
Los resultados de los esquemas prohibicionistas no siempre terminan por ser la que imaginaron sus creadores.
La realidad es muy terca y aunque todos desearíamos que la inversión de los políticos fuera en puertas tocadas y kilómetros caminados, en los hechos existe una verdadera inflación sobre lo que un candidato, puro y bien intencionado como el que más debe gastar para poder competir en una contienda por un cargo.
No es difícil construir una hipótesis en torno a que la incongruencia entre la realidad de la competencia electoral y las reglas de financiamiento de las campañas, genera todo tipo de incentivos perversos para aceptar dinero no registrado y que ello es uno de los principales motores de la corrupción, que se desborda por todos los rincones del país sin que haya filiación política que se salve.
Tampoco resulta tan difícil de entender que, al ser contribuciones ilegales, existen actores que tienen más interés y mejor acceso al dinero en efectivo como lo son los contratistas, proveedores de gobierno y la delincuencia organizada.
Podemos discutir infinitamente si los sótanos de la torre de Pemex y los sobres manila en un Vips son o no lo mismo, cuando al menos en una faceta, la de la ineficacia de las reglas de financiamiento de campañas electorales, son, ahí sí, idénticos.
Existen en el mundo muchos modelos de regulación del dinero en las campañas, que no se alcanzarían a esbozar aquí. Lo que sí alcanzo a decir es que en los esquemas más liberales respecto a la presencia del dinero privado en las elecciones, suele haber menos delitos para hacer llegar los recursos y menos simulación respecto al quién y para qué mete dinero a una campaña.

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/CR

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