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Los ultrarricos de México, o la fantasía del mérito

Los ultrarricos de México, o la fantasía del mérito

Columnas jueves 01 de febrero de 2024 -

Oxfam México presentó un interesante documento diagnóstico, sobre la desigualdad económica. En el texto, incorpora datos que demuestran una desproporcionada concentración de la riqueza, que beneficia especialmente a 14 mexicanos, cuyas fortunas son resultado de un poder político que al menos en las últimas cuatro décadas ha tomado decisiones que favorecen la creación y concentración de riqueza, en perjuicio de la mayoría de la población mexicana. Asimismo, se describe y se aportan datos con respecto a la manera en la que un grupo económico, con el aval o franca complicidad del poder político, manipula mercados y presiona al estado para obtener aún más beneficios, especialmente en situaciones de choque económico.

Los datos son reveladores, pero creo necesario hacer un matiz, para no caer en la pendiente resbaladiza del maniqueísmo político, es decir, en el relato simplista de buenos contra malos, donde los buenos somos “nosotros” y los malos son “los otros”. Porque así no se entiende nada nunca, más que la polarización política del espacio público, y de esa ya tenemos de sobra.

No endulcemos los números. Según Oxfam, la fortuna de las 14 personas más ricas de México (quienes tienen por lo menos 1000 millones de dólares) casi se duplicó desde el inicio de la pandemia. Carlos Slim, el hombre más rico de América Latina y el Caribe, tiene una fortuna por sí misma superior a la suma de la de los otros trece ultrarricos mexicanos (cálculo de Oxfam con información de Forbes). Su fortuna creció en 58 % en términos reales desde el inicio de la pandemia de COVID-19 y es cercana a la riqueza que tiene la mitad de la población más pobre de México (cerca de 63.8 millones de personas).

La riqueza no es ilegal, y tampoco la riqueza extrema. El resentimiento, por sí solo, no sirve para explicar nada. Lo malo es que, parece, las grandes fortunas no son producto, estrictamente, ni de la innovación, ni del valor social creado, ni del mérito. El Informe de Oxfam atribuye la descomunal concentración de riqueza a causas políticas, al apuntar que los gobiernos mexicanos no solo han renunciado a regular ese poder económico, sino que han beneficiado durante décadas (y benefician aún) a 11 de esos millonarios a través de privatizaciones, concesiones y permisos, lo que se ha traducido en una masiva transferencia de riqueza pública a un pequeño grupo del sector privado.

El documento de Oxfam, desde un plano académico, está descubriendo el Mar Mediterráneo. La existencia y características del modelo neoliberal están bien documentadas. La doctrina neoliberal es un proyecto político, social y económico, que utiliza las ideas básicas del liberalismo clásico, pero las trasciende (en el peor de los sentidos): sustituye la ausencia de Estado o su minimización, por un Estado fuerte en materia de protección de negocios y mercados, y débil en todos los demás aspectos; maneja un doble discurso entre países centrales y países periféricos, así como un doble discurso en materia de dogmas económicos. Cuando los países periféricos entran en crisis, los culpan a ellos y a sus políticas deficientes; cuando los países centrales entran en crisis, critica las reglas del sistema y exige su cambio; en cuanto a los dogmas económicos, promueve la eliminación de barreras comerciales para el libre movimiento de capitales, pero restringe con la misma vehemencia el tránsito de personas y trabajadores. Y lo peor, en una dimensión de evidencia histórica, el programa neoliberal hace una reinterpretación pobre y sesgada de la historia, obviando el hecho de que no fue el mercado desregulado, sino la economía mixta, la que generó un desarrollo con equidad más verificable, como ocurre en los países escandinavos e incluso la Europa continental hasta los años setenta.

Pero desde un plano de construcción de agenda, empero, el documento de Oxfam es agudo y claro, y nos deja entrever que, en suma, el sistema que nos venden como igualador de oportunidades es en realidad un juego arreglado: La meritocracia sólo funciona para promover movilidad cuando concurren otras circunstancias, como la pertenencia previa a una determinada clase social. Pero ella, sola, no permite el ascenso de clase socioeconómica; el exceso de riqueza, por sí mismo, no provoca redistribución alguna de la misma, hacia ningún lado. La metáfora del vaso que empieza a derramar agua por saturación es de hecho bastante idiota. Porque el patrimonio privado permite la acumulación infinita, a diferencia de un vaso.

Sin decirlo expresamente, Oxfam describe lo que se llama captura del Estado. Cuando los grandes capitales privados logran controlar su propia regulación y a sus propios reguladores, no necesitan violar las normas para perpetuar círculos de desigualdad, porque la ley está hecha para ellos y para eso. No está mal.


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