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MAGNA CARTA: DESENGAÑO CONSTITUCIONAL

MAGNA CARTA: DESENGAÑO CONSTITUCIONAL

Columnas martes 07 de julio de 2020 - 01:51

Cuando se hace historia o remembranza de la trayectoria política y filosófica de nuestras constituciones, con frecuencia se arranca desde la denominada Carta Magna, otorgada por el Rey de Inglaterra llamado Juan Sin Tierra, en junio de 1215, y se le asignan virtudes fundacionales en materia de derechos humanos en general y del debido proceso en particular. La verdad es que aquel texto se generó a partir de un entorno político, económico, militar y geoestratégico muy particular y distinto a lo hasta ahora considerado y significó, en aquel momento, mucho menos de lo que generalmente se le atribuye.
La relatoría completa, profunda, detallada y con gran soporte documental puede leerse en el libro Magna Carta: el nacimiento de la libertad, de Dan Jones, escritor inglés especializado en el sector medieval de la historia de su país, publicado en 2016. De inicio, el autor nos recuerda que la Carta era originalmente solo un proyecto de confirmación o ratificación actualizada de los deberes reales formalizados en la carta otorgada por el abuelo de Juan, Enrique I, al momento de su coronación, en el año 1100.
La Magna Carta de 1215 fue elaborada por los señores feudales del reino, poderosos barones hartos del expolio inmisericorde y centenario que este linaje real, los Plantagenet, les había impuesto precisamente desde Enrique I, renovado y acrecentado por Enrique II, padre de Juan, y luego por Ricardo Corazón de León, su hermano, con deberes, cargas y tributos oprobiosos.
Además, es imprescindible recordar que Juan había perdido recientemente el control de las tierras continentales (hoy francesas) que por una centuria habían estado en posesión de su familia y de Inglaterra, como Normandía y Britania, lo que lo había dejado en una posición de gran debilidad política, financiera y militar hacia afuera pero también hacia adentro del reino. Nos recuerda también la participación directa y manifiesta en la redacción de la versión final, del Arzobispo de Canterbury, nombrado personalmente por el Papa Inocencio III.
Con una narrativa extraordinariamente articulada, el autor nos hace ver que la Carta estuvo en vigor apenas unos meses, en los que Juan la combatió arduamente, lucha que solo terminó con su muerte en octubre de 1216. Igualmente, es prolijo en detalles, explicaciones, fuentes, líneas del tiempo, fichas biográficas de los actores y hasta mapas sumamente interesantes.
Eso nos hará ver de distinta manera la Carta pues más que el gran texto originario de la libertad y el orden constitucional, en realidad fue una más de una larga sucesión de documentos similares otorgados por la Corona inglesa en momentos similares, como pactos arrancados a regañadientes a los soberanos para garantizar no solo continuidad política y viabilidad financiera de la casa real, sino resguardar o incrementar privilegios patrimoniales, fiscales, políticos y económicos tanto de los Barones como de la iglesia católica,.
gsergioj@gmail.com
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/CR

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