La petición que realizó el mecenas de la alianza opositora en Jalisco para que Movimiento Ciudadano se sume a este grupo, muestra debilidad que trasciende los medios, y afecta los comicios.
Pareciera que la alianza invita a MC al paredón electoral donde sucumbirá más de uno de sus integrantes, con la pérdida de su registro en algunas partes del territorio nacional o en todo. Ya bastante mala impresión causa al electorado que tres partidos que eran los más fuertes del país, se unan para vencer a otro grupo, que fue el más débil, pero más aún es muy significativo que sea uno de los empresarios con mayor poder económico que intente crear los contrapesos necesarios para restarle fuerza a Morena, al Presidente y a la 4T, que no es lo mismo pero es igual.
El simplismo político que caracteriza a Samuel García, más cercano a la comedia que a la realidad, lo impulsa a condicionar mayor presupuesto a los ayuntamientos a cambio de que los presidentes municipales se afilien a MC, y abandonen al PAN, principalmente, como si sus votos valieran más que los del resto de la gente que sigue creyendo en los partidos 3 a los que pertenecían los frágiles alcaldes desertores, calificativo que pudiera derivar en traidores.
Para Claudio Xicoténcatl González como para Samuel García, la política es cosa de números y las urnas de reflectores. El primero quiere los números de MC de la más reciente elección y Samuel, la fama de que contagia de corrupción a los alcaldes, cuya deserción al aparecer en los medios desmotiva a los electores para votar por otro partido que no sea el suyo.
Uno quiere algo cercano al triunfo electoral de la alianza sin importar el candidato, el otro quiere ser el candidato sin importar si hay alianza o si pierde. Uno busca un líder, el otro cree o quiere ser él. Intereses y megalomanía.
Samuel actúa de acuerdo con el instinto político obsoleto de Dante Delgado de sumar y restar, Claudio quiere reponerse, a como dé lugar. Ni siquiera caminan juntos, menos pueden compartir camino, son competencia y no lo saben. En el fondo se repelen.
Samuel se convierte en contrapeso de cara al electorado y Claudio se muestra como un desesperado mercenario que busca ser el poder tras el trono. El primero quiere ser candidato aunque no sea presidente, el otro quiere rescatar privilegios aunque sea sin poder. Es decir, todo este proceso se convierte en presión carente de triunfo electoral, que intenta tender puentes de negociación, aunque el resto de los implicados ingenuamente creen que pueden obtener el poder.
El dinero compra lo que está en venta, pero no entiende la política. El mecenazgo es una inversión no es campaña de proselitismo, simplemente negocios.