A las seis de la mañana, cuando la ciudad apenas despierta, Elizabeth camina alrededor de la cancha de su colonia. No corre. No lleva ropa deportiva ni mide pasos. Y aunque tiene miedo de que le pase algo, camina porque es el único tiempo libre que encuentra entre el trabajo, el transporte y las tareas de cuidado. Cuando alguien le pregunta si hace ejercicio, duda. “Pues… camino”, responde, como si no contara.
A esa misma hora, pero en otra parte de la ciudad, Rodrigo inicia su rutina en el gimnasio. Tiene 29 años, audífonos inalámbricos y una aplicación que registra cada repetición. Corre cinco kilómetros tres veces por semana, levanta pesas, toma clases de box y “spining” (clases de bicicleta). Su empresa ofrece horarios flexibles y un bono de bienestar. “Entreno para sentirme bien”, dice. Él no duda cuando se le pregunta si hace ejercicio.
Ambos existen en las cifras del Módulo de Práctica Deportiva y Ejercicio Físico (MOPRADEF) 2025, presentado por el INEGI. Pero no pesan igual en la estadística ni en las políticas públicas.
De acuerdo con el MOPRADEF 2025, alrededor del 44.5 % de la población adulta en México realiza alguna actividad física en su tiempo libre, el segundo nivel más alto desde que se mide este indicador. La cifra puede leerse como un avance, pero también como una advertencia: más de la mitad de las personas adultas no realiza ningún ejercicio recreativo, y una parte importante de quienes sí lo hacen no alcanza niveles suficientes para obtener beneficios reales para la salud.
Caminar, cargar, desplazarse —como lo hace Elizabeth— implica esfuerzo, pero no siempre cumple con los estándares de duración e intensidad recomendados. Rodrigo, en cambio, encaja sin dificultad en los criterios técnicos: tiempo, frecuencia, control. La estadística le favorece.
El MOPRADEF confirma que también en esta área de la vida cotidiana, se presenta una desigualdad persistente de género: los hombres siguen siendo más activos que las mujeres. Mientras casi la mitad de los hombres reporta actividad física, menos del 41 % de las mujeres lo hace.
Si nos queremos consolar un poco, como país no estamos tan mal, ya que a nivel internacional, la Organización Mundial de la Salud advierte que 31 % de los adultos en el mundo no cumple con las recomendaciones mínimas de actividad física, lo que coloca a cerca de 1800 millones de personas en riesgo de enfermedades crónicas y la brecha de género en este rubro persiste.
La OMS ha fijado como meta reducir la inactividad física en 15% para 2030, pero las tendencias actuales indican que ese objetivo está lejos de cumplirse.
En México los problemas estructurales que existen para que menos de la mitad de la población adulta no haga ejercicio son claros: falta de tiempo, jornadas laborales extensas, sobrecarga de cuidados y espacios públicos inseguros, sucios o abandonados. Si bien en muchos casos podemos hablar de un un problema de cultura física y hábitos de cuidado; la mayor parte es un problema de condiciones de vida. Es una falla estructural del Estado.
Promover la actividad física no es lanzar campañas motivacionales ni inaugurar centros para hacer deporte sin personal. Es ordenar jornadas laborales compatibles con el autocuidado, diseñar ciudades caminables y seguras, garantizar espacios públicos iluminados, incorporar actividad física real en escuelas y centros de trabajo, y reconocer que el tiempo también es un derecho social.
Elizabeth y Rodrigo no representan estilos de vida opuestos; representan condiciones de posibilidad distintas. El primero encaja en las estadísticas que celebran la actividad, el progreso, la disciplina, la salud; la segunda queda en el margen de los indicadores, aunque sostenga su cuerpo en movimiento todos los días. Esa diferencia no es individual: es política.
Mientras hacer ejercicio en un gimnasio siga siendo un privilegio y caminar no cuente como ejercicio, las cifras mejorarán lentamente, pero la desigualdad seguirá intacta. Y eso, más que un problema de salud, es un problema de política pública.
DRA. ROSALIA ZEFERINO SALGADO
Asesora en Comunicación Estratégica e Imagen Pública
Integrante de la Red de Mujeres por la Educación (MuxED)