A Luz Raquel la quemaron en el estado de Jalisco, ella acusaba constante discriminación y agresiones por ser una madre cuidadora de un niño con Trastorno del Espectro Autista. Margarita Ceceña, es otro caso de feminicidio provocado por quemaduras con sustancias inflamables, esta vez sus propios familiares fueron los atacantes. Y como en todos los casos de violencia de género, las niñas no se quedan fuera de estos terroríficos ataques, como ejemplo, el caso de una niña, a la que también prendieron fuego, en un albergue en el estado de Jalisco, porque sus cuidadores simplemente no toleraron que ella se rascara la piel, a causa de la ansiedad que padecía.
Y como ellas, al menos 47 niñas, adolescentes y mujeres han sido quemadas o agredidas con sustancias químicas entre enero y junio del presente año, cifras proporcionadas por la Secretaría de Salud Federal y retomadas por el portal Animal Político.
Más de 26 por ciento de estos ataques fueron contra niñas y adolescentes menores de 17 años. Las cifras de impunidad son más crudas aun, solo en el 59.5 por ciento de los casos, hubo una denuncia de los hechos.
Sin duda los ataques para quemar a mujeres no son hechos aislados o únicos. Parece como si se tratara de la antigua violencia feminicida en donde las mujeres eran quemadas vivas en la hoguera por sus creencias, la diferencia es que ahora no nos queman solo por creer o practicar la brujería, nos queman para callarnos, para intimidarnos, para poseernos, para violentarnos.
De acuerdo con la psicoanalista Eva Giberti, el feminicidio por incineración consiste en quemar hasta causarle la muerte a la víctima de violencia de género y representa uno de los modos más crueles del feminicidio. “Quemar a las mujeres es un método que no siempre tiene como objetivo causar la muerte de la mujer, sino causarles sufrimiento permanente y dejarlas desfiguradas”.
Para Carmen Sánchez, activista y víctima de un ataque con ácido por su ex pareja en 2014, y para la investigadora Ximena Canseco, el número de ataques podría ser más alto, pues hay muchos casos que no se denuncian y no se hacen públicos ya que, en la mayoría de ellos, sus agresores fueron sus parejas o ex parejas. Ellas han llevado un conteo de los casos desde el año 2000.
Hoy es importante recordar que las cifras de ataques a mujeres con sustancias químicas son un reflejo de la violencia estructural que vivimos todos los días en México. Y como en el caso de Luz Raquel o Margarita Ceceña, hay mujeres que pierden la vida, otras en el camino de buscar justicia enfrentan la revictimización, carecen de ayuda médica y económica para sanar sus heridas, no solo físicas.