La aprobación de la gobernadora de Veracruz parecería nadar contracorriente. La guerra sucia preparada desde la campaña contra Rocío Nahle no termina.
La multa de 14 millones a la cabeza visible de esa agresión pareciera haber enardecido los odios contra la gobernadora.
El resentimiento de su contrincante, y la inercia de cuestionamientos de los medios carentes de profesionalismo. Creen que bajo presión el gobierno estatal cederá a sus chantajes y extorsiones.
A pesar de enfrentar varias trincheras políticas, la población ha apoyado a la gobernadora con un 58.8 por ciento de aprobación. La población hace caso omiso de las opiniones de los medios desde hace varios años. El protagonismo y la estridencia de los columnistas locales persisten en apostar por el viejo método del “te pego para que me pagues”.
El descrédito evidente de los medios y sus trabajadores de la pluma, son sólo un efecto del desgaste de una oposición que insiste en afirmar que existe todavía en el estado, aunque sean sólo grupúsculos en extinción.
Sin embargo, no son los únicos enemigos de la gobernadora de Veracruz, los sabotajes a su trabajo, la misoginia, la preparación académica y experiencia hace ver muy pequeños a nuevos y viejos contrincantes.
Rocío Nahle cuenta con enemigos del pasado, del presente y del futuro, incluso en sus propias filas, quienes tratan de que ocultar sus reconocimientos nacionales y mundiales.
Enemigos del pasado como Eric Cisneros, quien bajo la indiferencia y complicidad de Cuitláhuac García, trató de hacer campaña con un libro de elemental lectura, y el imberbe Esteban Ramírez, quien nunca ha sabido dónde tiene la nariz aunque sabe perfectamente dónde su ubican otras partes de su cuerpo, es incapaz de llevar a cabo un tarea partidista, por mínima que ésta sea.
Manuel Huerta, senador sin logros, va con todo para restarle simpatías a la gobernadora, aunque no pueda ni con su propia imagen y vitalidad, acostumbra quedarse dormido en actos públicos y sesiones.
Personaje de pocas simpatías, y forzadas entrevistas en los medios, intenta aconsejar a la gobernadora desde una posición donde no cabe la posibilidad de una hacer una sugerencia sin que ésta implique misoginia y agresividad. Cree que Rocío Nahle no sabe lo que hace como si su trabajo como senador hubiera tenido algo trascendente más allá de traicionar a compañeros del partido.
Los Yunes no son indiferentes a la intención de exterminio político de la gobernadora, ni los posibles competidores que se quedaron atrás en las contiendas pasadas y los que saben que se quedarán en el camino en el futuro.
La adversidad contra la gobernadora de Veracruz no tiene precedente en la historia de México, en medio de esta constante lucha cotidiana, su aprobación rebasa con mucho a los anteriores gobernadores de Veracruz al año de gobierno.