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Columnas
Por José García Sánchez
La visión que tienen los conservadores mexicanos, y en general los latinoamericanos, sobre el comunismo, es equivalente a la percepción de los macarthistas en los cincuenta. Es decir, tienen un retroceso de casi un siglo respecto a la realidad. Tratan de revivir la época dorada del anticomunismo: la guerra fría.
El comunismo recobró su viejo papel de fantasma porque se trata de un personaje que nunca existió y, al ser producto de las ideas del ser humano, se convierte en una abstracción para quienes están poco informados y desdeñan el conocimiento de la historia, porque simplemente le aterra.
Ese fantasma que la izquierda creyó propio y arrebató la derecha para asustar a la gente y manipular a su antojo en nombre de un peligro irreal. La derecha está acostumbrada a pelear por lo concreto únicamente, las abstracciones son fantasmas que se instalan en la vida cotidiana para devorar a los buenos y preservar la hegemonía de los malos, es decir, a los comunistas.
La derecha está asociada con las élites, nacieron juntas, son siamesas. Lo concreto. Las ideas, en el mundo de los conservadores son tan útiles como saber tejer chambritas, lo mismo que el conocimiento de la historia.
La derecha puede torturar, encarcelar, desaparecer, pero no puede aprisionar una idea y de ahí su miedo, que transmite como si fuera el fin del mundo. Quienes temen al comunismo son quienes aseguran tener lo que tienen como si fuera producto de un esfuerzo individual, los demás son estorbos y más aún los pobres, que son sus enemigos a vencer porque para ellos la pobreza es contagiosa, un contagio que se transmite a través del comunismo según le conviene a derecha interpretarlo.
Así el miedo de quienes le temen al comunismo, entendido como lo concebían hace más de 70 años, radica en volverse pobres, que para ellos es peor que el cáncer o las pandemias del planeta juntas. Para esconder su miedo a la pobreza condimentan su discurso con valores mortales, y el producto que infunde el terror llega puntual y efectivo.
El comunismo no produce pobres, el capitalismo es el que los crea, pero para entenderlo tendrían algunos que volver a nacer. La historia da cuenta del intento por desarrollar el comunismo en algunos países, siempre el principal obstáculo fue el miedo de la sociedad y de los propios gobernantes, ahora se compara el comunismo con el nazismo como una catástrofe mundial, casi como sinónimos.
El retroceso en la percepción política de algunos, principalmente conservadores, podría notarse de manera evidente, que si en este momento cualquier candidato a cargo de elección popular pronunciara los Derechos Universales del Hombre y del Ciudadano, de 1789, producto de la Revolución Francesa, sería calificado de comunista por los conservadores mexicanos del siglo XXI.