Después de la guerra civil que destruyó Yugoslavia, países como Noruega desarrollaron diversos proyectos de construcción de paz. Uno de ellos fue la construcción o reconstrucción de puentes de todo tipo: peatonales, para ganado, para vehículos. En comunidades en donde se masacraron por ser musulmanes, cristianos, bosnios, croatas o serbios, rehabilitar infraestructura para mejorar la comunicación tiene un doble impacto: el utilitario, que facilitar la vida cotidiana, y el simbólico, que representa la oportunidad para reconstruir una vida en común.
En México tenemos mas de cien años de no vivir una guerra civil que involucre todos los rincones del país, y si bien hay una estrategia pública para distinguir, será la fuerza de la sociedad a través del diálogo público, lo que permitirá que la división no se profundice. Es fácil escribirlo, pero complicado cumplirlo. Un ejemplo reciente fue la votación para revocar-ratificar al presidente.
Al revisar mis redes sociales, encontré voces y representantes de distintos perfiles: desde los que mostraban orgullosos su pulgar entintado al participar en la consulta para ratificar su apoyo al presidente, ya fueran fieles seguidores o de coyuntura, hasta los denostadores totales. Con todos me resistí a manifestarles alguna expresión de apoyo o rechazo y me limité a ser un testigo, recordando por qué los he tenido ahí: porque en algún momento de mi vida todos han participado en ella.
En las distintas facetas que cada uno tenemos, intentemos recordar por qué seguimos en contacto con esa persona, grupo, colectivo o asociación. Probablemente habrá algunos con los que es y será mejor que tus caminos jamás se vuelvan a cruzar, pero que cada quien esté en el suyo sin estropearle su andar al otro. Así será más sencillo encontrar las palabras o el momento adecuado para reconectar, recuperar o sanar lo que haya quedado en el pasado con aquella amistad, colega o familiar, en el que la ira o el rencor te hubiera agriado algún momento de tu vida.
Construir puentes por la paz es indispensable para nuestra tranquilidad personal y bienestar colectivo. Como sociedad, aislemos el discurso excluyente que ve en el diferente una amenaza, que en el río revuelto que deliberadamente provoca, sólo a algunos beneficia. Para ello requerimos voluntades individuales y colectivas que los atajen. Y sin duda, requerimos crear, cuidar y fortalecer nuestras instituciones que nos ayudan a resolver nuestras controversias, como las fiscalías y tribunales, para que cuiden de nosotros y respondan al interés público, y no a las agendas y caprichos de los poderosos en turno.
Posdata: puedes hacer mucho para aliviar el dolor ajeno. Si deseas apoyar a los desplazados en México, puedes donar aquí (Cáritas https://bit.ly/3uBn3W9), o a las víctimas de la guerra de Putin en Ucrania, acá (ACNUR https://bit.ly/3qOvT1T).