La inercia que han seguido todos los partidos políticos en México les ha impedido reformularse, antes prefieren morir, es decir, quedarse sin registro. A esto se reduce la historia de los partidos políticos en nuestro país; es más importante una refundación que un cambio de líder en todos los casos.
La política mexicana obsesionada con su temor a la reelección ha creado huecos graves en la vida social. Las organizaciones responsables de transformar la historia son incapaces de transformar la suya. Dentro de los partidos políticos existe un gran terror a los cambios, pero se dicen sus impulsores. La autocrítica pareciera estar prohibida en sus estatutos.
Pocos organismos tienen tan clara la necesidad de autocrítica y cambios internos la necesidad de mutarse porque los resultados electorales dictan constantes cambios; sin embargo, en México, el triunfo en las urnas es interpretado por los dirigentes partidistas como que todo está bien, incluso perfecto y no hay nada que cambiar, cuando, en realidad, es el mejor momento para transfigurarse.
Pero los partidos perdedores están peor, porque ni la derrota les motiva a transformarse, consideran que conservando su política y las ocurrencias que les llevaron a la marginación del poder, pueden continuar co-gobernando un país que los rebasó.
La limitación a los cambios internos en los partidos les obliga a preferir el sabotaje verbal, físico, mediático al gobierno que les ganó en la contienda. Todo antes que ver hacia adentro para conocer las causas de su derrota.
Otro de los factores que han impedido la solidez de los partidos en México, sin excepción, es la falta de líderes. Para donde se voltee los dirigentes son endebles, inconsistentes, faltos de cultura. Ningún líder nacional de partido alguno merece encabezar una organización encargada de hacer historia.
Los mexicanos merecemos una política de mayor nivel, una competencia electoral clara, un árbitro de comicios que lo sea realmente y una más transparencia en los procesos que monopoliza el INE. Sólo así la población tendrá las llaves para impulsar los cambios dentro y fuera de los partidos políticos, porque si bien los partidos políticos deben ser la vanguardia de la sociedad se han convertido en la zaga, están rebasados por una población activa y con sus propios objetivos.
El sabotaje ha sido el arma preponderante de una oposición sin ideas, y la complacencia es la gran propuesta del partido en el poder, porque mientras Andrés Manuel López Obrador esté en el poder, el exceso de confianza será la gran propuesta de Morena en las elecciones y sus candidatos jinetes de una misma ola.
La pasividad imperdonable de los partidos políticos ha permitido laxitud hasta el exceso del árbitro electoral y un muy bajo nivel del ejercicio político que pudieron ser ejemplo de conciencia sobre el momento histórico que se vive.