FERNANDO MORENO
Estados Unidos retiró sus tropas de Afganistán y todo quedó en manos del terrible régimen talibán; mujeres atletas temen por su vida, frenan el crecimiento deportivo, no acudirán a los Juegos Paralímpicos de Tokio 2020, en los que debutaría una para taekwondoín; por primera vez el 40% de los competidores de la justa serán mujeres, en la que por cierto México tendrá presencia.
La lamentable situación que atraviesa el pueblo afgano debería interesar a todo el mundo, y no por un tema económico, sino por humanidad, en la que 20 años transición en el deporte femenil se vendrán abajo.
El Comité Paralímpico Internacional (IPC) confirmó que los dos únicos atletas que forman parte de la delegación afgana, Zakia Khudadadi y Hossain Rasouli, de para taekwondo, no podrán competir; dos sueños rotos, reflejo de la ideología talibán, basada en la Ley Sharía, conocida como la Ley Islámica, que dicta que las mujeres tienen prohibido practicar deporte y entrar en cualquier centro o club deportivo, algo que atenta directamente contra los derechos humanos.
Dicha atleta afgana, se encuentra encerrada en su hogar en Kabul, con miedo de salir y ser interceptada por talibanes, por lo que pidió auxilio a través de un video en sus redes sociales. "Les pido a todos en el mundo que me ayuden, como mujer afgana y representante de las mujeres afganas", dijo aun con la ilusión de ir a los Paralímpicos de Tokio 2020; solo España se ha pronunciado para intentar sacarla con vida de Afganistán.
Con el regreso de los talibanes, dicho país tiembla de miedo, ejemplo de ello es lo que sucedió con el joven futbolista Zaki Anwari, de 19 años, quien en su intento por escapar de su país, fue encontrado muerto en el tren de aterrizaje de un avión estadounidense; había sido nominado a la Sub 20 y se perfilaba para ser citado al combinado mayor de una selección afgana que se ubica en el lugar 153 del ranking de la FIFA, organismo que también ha mostrado su preocupación.
Según el Instituto Watson de Estados Unidos, especializado en cifras de migración, alrededor de 2.1 millones de afganos han dejado su país desde 2001, entre los que se encuentran cientos de atletas como Khalida Popal, la mejor futbolista en la historia de su país, activista femenina y de las principales impulsoras del deporte en Afganistán, quien debido a amenazas talibanes, tuvo que abandonar su tierra; actualmente vive en Dinamarca, desde donde pide ayuda para proteger a las mujeres de su nación.
También las multicampeonas de taekwondo, Tamana Talash Frotan y Humaira Mohammadi, huyeron de Afganistán. Otra atleta en compartir su temor, es Nilofar Bayat, seleccionada afgana de basquetbol en silla de ruedas. "No puedo salir y sé que no estoy segura aquí. Los talibanes me matarán si me encuentran, no les gustan las mujeres como yo".
Lo anterior es un ejemplo del terror que se respira desde que el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, ordenó que su ejercito se retirara de Afganistán, pero hasta cierto punto, son las mujeres quienes padecerán más esta situación.
Pero esta no es la primera vez que las mujeres ven privado su derecho a hacer deporte. El gobierno talibán vigente entre 1996 y 2001 sometió a las mujeres a la prohibición de iniciarse en cualquier práctica deportiva y, además, a otras severas restricciones como reírse en voz alta, aparecer en público sin acompañante masculino y trabajar fuera de casa.
La estricta ola talibán, que pisoteaba los derechos de la mujer, fue castigado por la comunidad internacional deportiva: en 1999, el Comité Olímpico Internacional (COI) excluyó a Afganistán de los Juegos de Sidney de 2000 por, entre otras razones, dejar a las mujeres fuera de la competición olímpica.
El régimen talibán, que surgió de una guerra civil en los 90 tras el retiro de las tropas soviéticas, tomó el control del país por primera vez en 1994 y llegó a la capital en 1996; estuvieron en el poder hasta la invasión del gobierno estadounidense en 2001. Según cifras de National Geographic, en ese lapso fallecieron más de 50,000 afganos, de los cuales, solo en 2020, el 43% fueron mujeres y niños.
TRANSICIÓN DEL DEPORTE FEMENIL
En 2001, Afganistán se desprendió del yugo talibán, gracias a la intervención de Estados Unidos; a partir de ese momento el deporte se liberó de las cadenas e incluyó a las mujeres por primera vez, pues era un país donde era obligatorio el uso del burka (el traje musulmán que cubre de la cabeza a los pies y tiene una tela fina a la altura de los ojos), pero se dieron pasos a agigantados.
La atleta Lina Azimi escribió la primera página de la historia del deporte afgano femenino: en 2003, participó en representación de su país en el Mundial de Atletismo celebrado en París; ella le abrió la puerta a las mujeres deportistas de Afganistán.
En 2003, el COI levantó el veto a Kabul, lo que permitió que Afganistán se subiera a los Juegos Olímpicos y Paralímpicos. La ilusión por ganar una medalla nacía para hombres y mujeres. En Atenas 2004, los deportistas afganos tiraron un muro, pues por primera vez en la historia del país enviaron a dos mujeres deportistas con su delegación, Robina Muqimyar y Friba Razayee.
Un mes más tarde, debutaba en los Juegos Paralímpicos la primera atleta Mareena Karim, con tan sólo 14 años; historia que el actual régimen talibán ha detenido acompañado de terror y muerte.
MÉXICO SE SOLIDARIZA
El Gobierno mexicano empezó a tramitar las primeras “solicitudes de refugio” para ciudadanos afganos, en especial de mujeres y niñas que lo hayan solicitado a través de la embajada de México en Irán, pues en Afganistán no hay oficinas.
Lamentablemente el mundo nunca a estado en paz, hay países bélicos y pueblos que no conocen lo que es dormir tranquilos; hombres, mujeres y niños, mueren cada día a causa de ideologías, intereses y más, donde el deporte, donde tal vez se encuentre una sonrisa entre la guerra, también es víctima de la injusticia y la tiranía. No apartemos la vista de los temas realmente importantes.