l cierre de año es el momento que muchas personas ven como idóneo para hacer rituales en búsqueda de fortuna, felicidad, abundancia, amor y muchas otras bienaventuranzas para sus siguientes 365 días. En mi caso, aprovecho diciembre para hacer un análisis del año, para enlistar con consciencia las bendiciones por las que agradecer, reflexionar sobre lo acontecido, aterrizar las áreas de oportunidad y los aprendizajes, así como para visualizar lo que viene por delante. Sin embargo, me he percatado que mis rituales de vida no son de un día específico, sino que se van desarrollando con el devenir de mis gustos y mis acciones, formando parte de aquellos momentos que me dan plenitud y paz. Así, en esta ocasión quiero hablarles de dos restaurantes que, además de ser grandes representantes de la gastronomía en nuestra querida Ciudad de México, son parte importante de mis rituales de vida.
Cluny
El 2022 me regaló la oportunidad de conocer a la meditación como una herramienta de paz mental y concentración a través del Centro Naam, un este bello lugar de armonía y sincronía. Por lo regular lo visito una vez por semana, en el que después de hora y media de meditación, la paz que se genera es maravillosa y ¡El hambre también! De ahí mi primer ritual culinario: Terminar mi meditación y bajar a cenar al Cluny, tradicional restaurante francés con casi 50 años de existir, donde uno puede degustar maravillas del país galo acompañadas de un buen vino en un espacio tradicional y cálido. Se van a reír pero, en mí cena post momentum zen, siempre pido lo mismo: una exquisita ensalada bistrot (deliciosa combinación de lechuga y arúgula, acompañada de queso de cabra marinado y horneado, avellana y vinagreta de Dijon, custodiadas por un par de hojas de queso); un té de jazmín calientito y, lo que no puede faltar al final al momento de pedir la cuenta, un par de gomitas de azúcar.
Rocasal
También el 2022 me regaló volver a la CDMX y mi nuevo trabajo me trajo al sur de la ciudad. De ahí una de las misiones más importantes era encontrar un gimnasio que se adecuara a mis gustos y necesidades. Así conocí Orangetheory un concepto basado en ciencia y tecnología que me ha gustado mucho. Entre semana confieso que voy en los horarios madrugadores para de ahí salir presurosa a trabajar, pero en fin de semana la historia es otra y aparece mi segundo ritual culinario: Terminar mi rutina y bajar a desayunar a Rocasal, restaurante que nos remota a las casonas del Pedregal, donde su cocina se distingue por incluir ingredientes naturales, orgánicos y sustentables con un ambiente cálido y una carta bastante prometedora para todos los gustos. Ahí, lo que pido depende del hambre, el humor y la jornada que siga del fin de semana. Puedo decirles que entre mis favoritos está el yogurt griego con frutos rojos, las enchiladas y lo mejor de lo mejor… su pan dulce.
Sirva esta primera columna del 2023 para desearles a todos ustedes un año maravilloso lleno de bonitos rituales y momentos memorables en su mesa.
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¡Buen Provecho!
Amante del Buen Comer