Septiembre siempre nos recuerda quiénes somos y de dónde venimos. Es el mes en que México se llena de colores, símbolos y memoria; pero la mexicanidad va mucho más allá de una celebración. Ser mexicano significa reconocernos en nuestra historia, sentir orgullo por nuestra gente y asumir la responsabilidad de seguir construyendo un país a la altura de quienes nos precedieron.
También en la medicina tenemos razones para sentirnos profundamente orgullosos de México.
La neurocirugía mexicana ha recorrido un largo camino. Lo ha hecho gracias a grandes maestros que, en momentos en los que existían menos recursos, menor tecnología y mayores dificultades, tuvieron la visión de construir servicios, formar escuelas y abrir oportunidades para las generaciones que venían detrás. Fueron hombres y mujeres que entendieron que el conocimiento no debía guardarse, sino compartirse; que la verdadera trascendencia de un cirujano no se encuentra solamente en las operaciones que realiza, sino también en los discípulos que forma y en las instituciones que ayuda a consolidar.
Nuestra especialidad creció con el esfuerzo de esos grandes liderazgos. Cada generación recibió una parte del camino y tuvo la responsabilidad de continuarlo. Así se desarrollaron en México la cirugía vascular cerebral, la cirugía de base de cráneo, la neurooncología, la cirugía de columna, la neurocirugía pediátrica, la cirugía funcional, la mínima invasión y el tratamiento del neurotrauma, entre muchas otras áreas.
Hoy podemos decir con orgullo que México cuenta con líderes en prácticamente todos los campos de las neurociencias quirúrgicas. Profesores mexicanos participan en foros nacionales e internacionales, desarrollan técnicas, publican investigaciones, forman especialistas y atienden diariamente casos de enorme complejidad. Muchos de ellos trabajan dentro de instituciones públicas, enfrentando limitaciones que no han sido capaces de detener su vocación ni su compromiso con los pacientes.
Encontrarnos ahora en el Congreso Nacional de la Asociación Mexicana de Cirujanos de Columna nos permite observar con claridad esta evolución. Da gusto coincidir con tantos liderazgos, provenientes de diferentes instituciones y regiones del país, reunidos para compartir experiencias, discutir nuevas alternativas de tratamiento y fortalecer la cirugía de columna mexicana.
Un congreso adquiere verdadero sentido cuando no depende de una sola figura, sino cuando reúne distintas voces, escuelas y generaciones. La diversidad de liderazgos no divide: enriquece. Cada profesor aporta la experiencia de su práctica, cada institución presenta una manera de resolver los problemas y cada joven encuentra la oportunidad de aprender, preguntar y comenzar a construir su propio camino.
México siempre ha tenido grandes maestros. Ellos nos enseñaron que la disciplina, la preparación y la generosidad académica son indispensables para hacer crecer nuestra especialidad. Nos dejaron servicios hospitalarios, sociedades médicas, programas de formación y, sobre todo, una manera de entender la medicina.
Pero el mejor homenaje que podemos rendirles no consiste únicamente en recordar sus nombres. Consiste en continuar su obra.
Por eso emociona observar a tantos jóvenes neurocirujanos y cirujanos de columna que actualmente estudian, investigan, innovan y participan con entusiasmo en la vida académica. En ellos se encuentra el siguiente capítulo de nuestra historia. Algunos ya comienzan a convertirse en referentes dentro de sus áreas, demostrando que el liderazgo no es una cuestión de edad, sino de preparación, trabajo, constancia y generosidad.
La neurocirugía mexicana no pertenece a una persona, a un hospital ni a una generación. Nos pertenece a todos. Su grandeza se ha construido con el esfuerzo acumulado de quienes estuvieron antes, de quienes ejercemos actualmente y de quienes apenas comienzan su formación.
En estos días patrios nos sentimos más mexicanos que nunca. Nos sentimos orgullosos de nuestro país, de nuestros maestros, de nuestros colegas y de los jóvenes que están tomando la responsabilidad de conducir el futuro. Nos enorgullece comprobar que la medicina mexicana puede dialogar de frente con cualquier escuela del mundo, sin perder su identidad ni olvidar el profundo sentido humano que caracteriza a nuestra gente.
Ser mexicano también significa creer en nuestras capacidades. Significa reconocer lo mucho que hemos avanzado, sin dejar de mirar todo lo que todavía debemos mejorar. Significa trabajar para que el conocimiento y la alta especialidad no sean privilegios de unos cuantos, sino herramientas capaces de beneficiar a los pacientes de todos los rincones del país.
Hoy celebramos a México ejerciendo nuestra profesión con dignidad, formando nuevas generaciones y cuidando a nuestra gente. Así lo hicieron nuestros grandes maestros y así lo están haciendo muchos jóvenes que comienzan a escribir su propia historia.
Porque el orgullo de ser mexicano no solamente se proclama: se demuestra con trabajo, con conocimiento, con unidad y con servicio.
¡Viva México, viva su gente y viva la neurocirugía mexicana!
Todo por la Academia.