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Se acabó la fiesta. ¿Qué qué?

Se acabó la fiesta. ¿Qué qué?

Columnas miércoles 28 de octubre de 2020 - 00:27

Ante las advertencias del Gobierno de la Ciudad de volver al semáforo rojo y prohibir terminantemente los festejos, las historias de Instagram y Facebook se vieron repletas de fotografías y videos celebrando. Esto explica una necesidad de la sociedad de recreación y distracción ante los meses de estrés e incertidumbre que ha traído la pandemia.

Sin embargo, las reuniones sociales se han convertido en el peor enemigo de la época del coronavirus, claro, en el discurso de las autoridades. Y es que, en estricto sentido, es poco práctico culpar a los verdaderos focos de infección masiva como lo son el transporte público o los centros de abasto de alimentos como mercados y tianguis, ya que, por muchos contagios que se den, son males irremediables.

Por ello, las autoridades han tachado de innecesarias una serie de actividades humanas que describen como no esenciales. Así de feo. El espacio de mayor recreación y fortalecimiento de los lazos sociales se ha convertido en el enemigo público. Y el problema es que existe una razón de fondo, la insoportable levedad del ser detrás de una serie de actos irresponsables: la gente no entiende.

Pero lo que no entienden quienes toman decisiones es que, la que gente que no entiende también es irresponsable en el metro, la calle, el restaurante, la oficina, el taxi, el súper, es irresponsable en la Cámara de Senadores tanto como en el Palacio de Gobierno. O ¿cómo fue que se contagiaron? No creo que en una fiesta.

En resumen, la sociedad mexicana desde sus más altos espacios parece no estar lista para vivir en una época de suma disciplina sanitaria.

¿Y ahora? ¿Quién podrá ayudarnos?

Así como para tomar las decisiones en cuanto a la política de salud, los gobiernos se han jactado de dejarlas en manos de científicos y profesionales en lo viral; también, existen profesionales del orden y es algo que las autoridades han subestimado del gremio al que pertenezco. Y, en estricto sentido, han minimizado tanto nuestro trabajo como nuestra capacidad. Nosotros sabemos mantener el control y el orden de eventos tan pequeños, como una fiesta familiar; en eventos grandes, como una graduación universitaria; o en eventos masivos como el concierto del artista más famoso.

Por ello, no existen mejores manos para dejar la recreación social controlada que las manos de los profesionales. No solo con protocolos sanitarios, sino con ideas novedosas que podrían cambiar la forma de hacer eventos en los años próximos. Apostemos por compartir y delegar la responsabilidad a la ciudadanía, hay que confiar en los profesionales. Eso sí, apostemos por la capacitación, instauremos una campaña educativa que enseñe a la sociedad que podemos concebir una nueva normalidad con espacios de recreación en la que estemos juntos, pero no revueltos.

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/CR

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