Algunos expertos parecen creer que la derrota de Donald Trump en 2020 fue por una especie de despertar de la conciencia civilizada en Estados Unidos; que los desplantes majaderos, misóginos, auocráticos y criminales del mandatario por fin hicieron mella en el electorado norteamericano. Nada más lejos de la verdad.
Donald Trump obtuvo más de 70 millones de votos en su debacle, y fue debido al añejo y aristocrático sistema de ponderación del voto estatal en ese país, que la balanza se inclinó a favor de Biden. Los arrepentidos de 2016, que no fueron tantos, le estaban cobrando la recesión económica de la pandemia, que es lo único que los votantes de allá no perdonan. Si les pegas al bolsillo, su ideología les da los mismo.
Ahora bien, los medios de comunicación, sobre todo los internacionales están manejando una narrativa en la que la llegada de Trump a la presidencia para un segundo periodo es inevitable. No creo que sea para tanto, pero concedamos por ahora esa posibilidad como si fuera un hecho; para analizar preocupaciones y escenarios relevantes.
En lo que respecta a la elegibilidad, sea o no condenado por delitos graves, el asunto ya está zanjado. Trump podría competir y ganar la elección aún estando tras las rejas. Hay un precedente de 1920 en el que un candidato demócrata compitió y ganó un millón de votos estando en prisión, Eugene Debs.
Cierto es que ese candidato no ganó, y se dirá que una cosa es competir y otra gobernar tras las rejas. Eso, en lo que se refiere a los 37 cargos federales de Trump, se resuelve fácil: desde el momento en que inicia su presidencia, literalmente desde el primer momento, su primer acto puede ser el de concederse un indulto federal a sí mismo. Una cosa es que se vea mal, y otra que sea jurídicamente imposible o nulo. De hecho, el indulto presidencial existe para salir de bretes lógico - jurídicos, en los que no puede mantenerse a alguien en prisión por argumentos fácticos incontestables (cosa juzgada por homicidio y luego aparece vivo el sujeto, etc.). Este sería uno.
Queda solamente el tema del cargo estatal en Georgia. Ese, y no otro, sería el único tema jurídico de elegibilidad que no está resuelto. Una vez que Trump sea presidente, la pregunta es si será más de lo mismo. Sí y no: Su retórica será la misma, quizás más elevada que antes, porque tiene el coraje de haber perdido y a los fiscales y jueces del país en su contra. En este tema, dicen que sí hay un plan, llamado “Schedule F”, de una acción ejecutiva que básicamente elimina el servicio civil de carrera y vuelve de libre remoción a 50 mil funcionarios federales.
Puede parecer un disparate pero millones de personas, en muchos países, están convencidas de que el servicio civil no ha representado la profesionalización utópica de la burocracia, sino el equistamiento eterno de una casta de mediocres que se saben inamovibles.
Creo que las acciones de Trump en su segundo período, como antes, serán más radicales que su discurso. No olvidemos que fue con Trump y no con un demócrata con quien se renegoció el TLC. Fue con él, además, donde USA no desplegó tropas en ningún lugar del mundo. No pretendo canonizar al sujeto, sólo apuntar algunos hechos verificables por cualquiera.
Los frentes más previsibles (porque un populista necesita enemigos) son los siguientes: La OTAN ha garantizado apoyo a Ucrania, pero Trump a quien le puede negar el apoyo es a la misma OTAN. Esa alianza, sin el dinero de USA, es financieramente inviable. Por otra parte, el tema migratorio se volverá aún más tensa. Los populistas de derecha en todo el mundo tienen en el centro de su retórica la xenofobia. Es natural, pues si el pueblo es moral e infalible, la inmoralidad y la falibilidad deben venir de fuera, es decir, del extranjero.
El nearshoring para México puede ser positivo. Si bien Trump nos desprecia profundamente, nos odia mucho menos que a cualquier país asiático. La política doméstica será la más complicada para él. No tendrá los números para modificar la constitución (que además allá no es cualquier cosa, ha tenido pocas reformas en 200 años) y los jueces federales seguirán invalidando sus órdenes ejecutivas. Sus nominados serán objetados por el congreso y a los que acepten, él mismo los despedirá cada 3 meses. Como siempre, pues.