Servir a México desde el Instituto Nacional Electoral es un honor que implica convicción, disciplina y profundo amor por el mandato democrático. Quienes trabajamos en el INE, particularmente en la Dirección Ejecutiva de Prerrogativas y Partidos Políticos, sabemos que nuestra labor cotidiana sostiene uno de los pilares más preciados de la vida pública: la certeza, y lo hacemos desde un Instituto que, bajo el liderazgo de la Consejera Presidenta Guadalupe Taddei Zavala, se ha transformado en un INE cercano a las personas, abierto, transparente y comprometido con la ciudadanía. Un INE que dejó atrás las prácticas del viejo modelo para convertirse, con hechos, en la casa de la democracia y no de los intereses de unas cuantas personas.
Nuestro trabajo se centra en garantizar que la vida democrática del país se desarrolle bajo un marco de legalidad inquebrantable. En un contexto de cambio social y político acelerado, reflexionar sobre la democracia se vuelve indispensable. Como señalaba Norberto Bobbio, no debemos hablar de crisis, sino de transformación: la democracia no es jamás un sistema perfectamente sano, sino una construcción dinámica que sólo puede sostenerse mediante reglas claras y su estricto cumplimiento. Estas reglas procesales —que determinan quién puede tomar decisiones colectivas y bajo qué procedimientos— son las que distinguen a una democracia de un régimen autocrático. Y en México, el INE es su guardián.
Garantizamos derechos fundamentales que permiten que el juego democrático exista: libertad de opinión, de expresión, de asociación; pluralidad de partidospolíticos; elecciones periódicas; y un sufragio universal que le pertenece a todas y todos. Como bien recuerda Bobbio, la democracia es, ante todo, gobierno de leyes, no de hombres (sic). El respeto a la legalidad evita que las pasiones personales o intereses privados distorsionen la voluntad popular. Perder de vista ese principio es caminar hacia formas autoritarias del poder.
Otro pilar es la visibilidad del poder público. La democracia nació para desterrar el poder secreto. El ejercicio del poder debe ser público, abierto, transparente. La publicidad de los actos no sólo permite que la ciudadanía conozca y controle a quien gobierna, sino que la transparencia misma se convierte en un mecanismo de control democrático. Por ello, el INE que hoy preside la licenciada Guadalupe Taddei ha hecho de la apertura una práctica cotidiana.
Desde nuestra trinchera, también reconocemos el papel insustituible de los partidos políticos como mediadores entre la sociedad y el gobierno. Aunque las élites persisten —como en toda democracia real—, la alternancia pacífica entre grupos en competencia por el voto popular es lo que vuelve democrático a un régimen. Nuestro deber es normar esa competencia para asegurar que las contiendas se desarrollen bajo condiciones equitativas.
La transformación democrática implica adaptar los principios abstractos a la realidad concreta. En esta visión de un INE más humano y más cercano, cobran especial relevancia las palabras de la Presidenta Taddei durante la instalación del Observatorio de Participación Política de las Mujeres en México. Recordó que hace más de siete décadas las feministas conquistaron el derecho al voto, abriendo una lucha histórica que hoy permite que la participación política de las mujeres avance, aunque persistan desafíos como la violencia digital, la desigualdad en lo municipal y las barreras que enfrentan mujeres indígenas, afrodescendientes, con discapacidad, de la diversidad sexual y de género, y de zonas rurales. Instalar el Observatorio —dijo— es renovar un pacto por la igualdad, la justicia paritaria y la democracia.
El futuro de nuestro sistema democrático está en fortalecer nuestras institucionesmediante el respeto metódico y riguroso de las reglas que sostienen la voluntad popular. Desde el INE, y desde la Dirección de Prerrogativas y Partidos Políticos, servimos a México con ese propósito. Porque creemos en este Instituto, en su transformación y en su misión de garantizar que todas y todos sigamos decidiendo nuestro destino en libertad.
Andrea Gutiérrez