El mundo enfrenta un cambio de época, parecido al fin de la Guerra Fría que vivimos hace más de tres décadas. El orden internacional que surgió al fin de la Segunda Guerra Mundial se está reconfigurando a una velocidad inimaginable hace sólo un año. Las alianzas comerciales y militares que se creían indestructibles hoy hacen agua. No había aliados más cercanos a Estados Unidos que Canadá y el Reino Unido, pero ahora estos países están buscando nuevos aliados comerciales y militares. No está claro cuál será el desenlace de estos cambios, pero lo que sí es que quien crea que gobernará considerando que las cosas serán iguales que hace un año, se equivoca.
Nuestro país es un espectador más de estos cambios. A pesar de ser México quien más vende a la economía más grande del mundo, las erráticas decisiones gubernamentales lo han hecho presa fácil de este nuevo orden internacional.
Durante treinta años tuvimos un tratado de libre comercio con EU y Canadá que multiplicó varias veces nuestro PIB. Las entidades federativas que mejor entendieron la nueva dinámica (estados de la frontera norte y el Bajío) crecieron a tasas cuatro veces mayores que la media nacional. Sin embargo, su desarrollo estaba condicionado a decisiones del Gobierno Federal.
Desde la firma del TLCAN en 1994, México tardó dos décadas para abrir su industria petrolera a los inversionistas internacionales, para volverla a cerrar cuatro años después. Y lo peor es que Pemex debe como nunca y poco han servido los miles de millones de pesos y dólares que se le vienen inyectando mensualmente. Para nadie es secreto que miles de empresas contratistas de Pemex están en bancarrota, y salvo las empresas con derecho de picaporte en Palacio Nacional, el resto deben esperar varios años para tener una expectativa de pago. No es gratuito que el número de empleadores en el IMSS se reduzca mes a mes.
Respecto a la industria eléctrica, hoy los inversionistas nacionales e internacionales están a la expectativa de cuáles serán las reglas en la industria, con la inversión acotada al 44% para la iniciativa privada. Cada mes que se retrasan las nuevas reglas, el país tendrá mayores amenazas de apagones y vivir a oscuras. La península de Yucatán ya lo ha vivido. Pareciera que, si tenemos un verano cálido, en pleno Mundial de fútbol, también las ciudades sedes podrían quedar a oscuras.
Así, ante un entorno internacional tan impredecible, México debería detener por todos los frentes la sangría que representa PEMEX para las finanzas públicas del país y publicar lo antes posible, las nuevas reglas de inversión en la industria eléctrica.
Claro, también sería ideal revertir la reforma al Poder Judicial y parar la reforma electoral, que no ataca el problema de raíz que hoy nos tiene como piñata: el vínculo gobernantes-criminales en tantas regiones del país. Sí hay margen.