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Son niñas, no esposas

Son niñas, no esposas

Columnas miércoles 27 de octubre de 2021 -

Aunque en el discurso político se ha minimizado y hasta normalizado la grave violación a los derechos humanos que representa el matrimonio infantil forzado y no forzado, bajo el argumento de que se trata de una práctica arraigada en costumbres y creencias, no creo que se deba preservar, ni mucho menos normalizar o proteger un hábito marcado por un pacto de hombres, entre padres de familia, suegros, policías comunitarias o autoridades de cualquier nivel, en donde las niñas son intercambiadas por dinero o productos y expuestas en lo sucesivo a más violaciones como la violencia física y sexual.

Y es que la erradicación del matrimonio infantil forma parte de la agenda mundial, es un tema que debe de abordarse lejos, muy lejos de los discursos políticos y muy cerca de la agenda de derechos humanos. El Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia, UNICEF, desplegó las banderas rojas y ha advertido que, si no se intensifican las iniciativas para lograrlo, más de 120 millones de niñas en el mundo se habrán casado en 2030, antes de cumplir los 18 años.

Las niñas en situación de vulnerabilidad están mayormente expuestas a ser vendidas o intercambiadas para contraer matrimonio. Según la Organización de las Naciones Unidas, más del 50 por ciento de niñas en zonas rurales del mundo se casan antes de cumplir 18 años, siendo la pobreza, la guerra y la falta de acceso a la educación las principales causas para las familias más pobres del mundo que, sin el acompañamiento necesario del estado y sus instituciones, dadas sus condiciones de vulnerabilidad, adoptan la creencia de que venderlas es una forma de garantizar su bienestar.

En México el matrimonio infantil está prohibido constitucionalmente desde 2019, pero sigue practicándose de forma visible y aún arraigada, bajo el argumento de que sancionarlo es violar leyes y costumbres de pueblos originarios. Resulta más sencillo guardar silencio que atender las causas de fondo que dan lugar a los matrimonios forzados.

Ante la falta de responsabilidad del estado, se han promovido múltiples campañas que, por lo pronto, pretenden visibilizar la grave situación e invitan a las niñas y adolescentes en riesgo a informarse sobre sus derechos. Un ejemplo de ello, es la campaña “Romper el silencio, la clave para acabar con el matrimonio infantil”, la cual pretende romper el silencio en las familias indígenas, dando herramientas de autonomía progresiva a niñas, como acceso a la educación y al conocimiento de sus derechos.

Romper el silencio y hablar de matrimonio infantil es la oportunidad de que las niñas en riesgo se atrevan a visualizar y creer en la posibilidad de un futuro distinto. Para ellas hay la posibilidad de construir sus propios sueños y vidas, pero hay que decirles que eso es posible.

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/CR

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