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En la actualidad, la sustentabilidad ha sido adoptada y promovida como un concepto universal, casi incuestionable. Sin embargo, para los pueblos indígenas, especialmente aquellos inmersos en actividades de turismo rural, esta idea impuesta desde una perspectiva occidental plantea tensiones y retos profundos. La experiencia de la comunidad náhuatl en San Miguel Oxtotilpan, en el sur del Estado de México, revela una visión de sustentabilidad que se distancia significativamente de los parámetros hegemónicos y rescata una cosmovisión de respeto, armonía y conexión con la naturaleza.
La reflexión sobre la sustentabilidad en esta comunidad no puede separarse del contexto histórico de colonialidad que han vivido los pueblos originarios en México. La colonialidad, entendida como la imposición de estructuras de poder y conocimiento eurocéntricas, ha dictado la forma en que muchas comunidades indígenas deben interactuar con sus territorios y recursos. En este marco, el concepto decolonial permite una crítica a las epistemologías occidentales y la reivindicación de saberes alternativos, propios de aquellos históricamente subordinados.
El turismo rural en comunidades indígenas se presenta como una actividad "sustentable" bajo criterios occidentales, promovido como medio de desarrollo económico y preservación cultural. Sin embargo, este modelo suele ser, en muchos casos, una herramienta para la acumulación capitalista. En localidades como San Miguel Oxtotilpan, la sustentabilidad que se intenta imponer conlleva prácticas extractivas y, en ocasiones, colonizadoras. Se les pide a estas comunidades que ofrezcan sus tradiciones y entornos como un producto turístico, obviando la relación profunda y espiritual que mantienen con su tierra y su cultura.
La concepción de sustentabilidad desde organismos internacionales se centra en la eficiencia y el uso racional de los recursos. No obstante, la sustentabilidad que emerge en San Miguel Oxtotilpan tiene otro carácter. Aquí, la relación con la naturaleza se construye desde la contemplación y el respeto hacia el entorno natural y cultural. No talar árboles, hablar su lengua, cuidar los ríos y seguir las enseñanzas de los ancestros son, para los habitantes de esta comunidad, prácticas de sustentabilidad que, aunque coincidan en algunos aspectos con la perspectiva global, poseen una base ontológica completamente distinta.
Para la Organización Mundial del Turismo (OMT), la sustentabilidad implica un equilibrio de aspectos económicos, socioculturales y medioambientales, reduciendo al máximo los impactos negativos. En este sentido, el turismo rural indígena se ha vendido como una oportunidad de crecimiento para comunidades que, bajo esta lógica, deberían gestionar sus recursos para el disfrute del visitante y la preservación del medio ambiente. Sin embargo, esta visión impone una verticalidad y una homogeneización que niega las particularidades de cada cultura.
El caso de San Miguel Oxtotilpan subraya la importancia de escuchar y aprender de las epistemologías locales. Sus habitantes muestran que la sustentabilidad, entendida desde el respeto, la conexión y el disfrute del entorno, es posible y necesaria. Al reconocer estas prácticas, no solo se respeta la autonomía de estas comunidades, sino que se abre el camino hacia un turismo que contribuye al bienestar de los pueblos y al cuidado del planeta.
*Periodista | @JoseVictor_Rdz
Premio Nacional de Derechos Humanos 2017