En un tema ligado, de una u otra manera, a la Deslocalización (OFFSHORING) y la Relocalización de las cadenas de suministro (NEARSHORING), que he abordado en las últimas entregas; es de destacar que desde el año pasado causó revuelo en los medios de comunicación y la opinión pública y mucho interés en la clase política y gobernadores del país el anuncio sobre la pretensión de Elon Musk, el hombre más rico del mundo en ese momento, de instalar una Gigafábrica de su empresa armadora de vehículos TESLA, pionera en el ramo de la electromovilidad, para lo cual cuenta con seis Gigafábricas en diferentes países: 4 en Estados Unidos (Nevada, Nueva York, Texas y California), una en China y otra en Alemania, aclarando que sólo en cuatro de ellas se fabrican vehículos (Nevada produce baterías, motores eléctricos y sistemas de propulsión; mientras Nueva York fabrica paneles solares y componentes para Superchargers)
Es fundamental mencionar que el proyecto de Musk de instalarse en nuestro país obedece en muy buena medida a disminuir costos de mano de obra y a lograr su objetivo de aumentar su producción actual en 10 veces más, de ahora a 2030; es decir, dar un gran salto de ensamblar 1.8 millones de vehículos al año a 20 millones.
Con el fin de contextualizar este hecho, proporcionaré algunos datos sobre esta empresa, para que los lectores tengan mayores elementos de juicio: Tesla cuenta con 378 tiendas para venta y servicios en todo el mundo, enfatizando asimismo; que su modelo más económico, el Tesla Model 3 2023 tiene un costo de un Millón, veintinueve mil, novecientos pesos, Lo cual da una clara idea de que no son vehículos a los que pueda acceder cualquier persona, no obstante, se dice que con el transcurso del tiempo y en paralelo a la transición energética que vive el mundo y que se vio detenida o ralentizada debido a la pandemia provocada por la COVID-19, los precios de sus vehículos irán a la baja.
Nuestro país cuenta con una larga historia en la llegada de empresas transnacionales del ramo automotriz, siendo en 1925 cuando se estableció en el país Ford, en 1935 se instala General Motors, que más adelante se convertiría en el mayor fabricante de vehículos a nivel mundial; en 1938 aterriza Automex, que luego se convertiría en Chrysler; ya en una segunda fase y bajo un criterio de crecimiento basado en la sustitución de importaciones y ya con un Decreto Automotriz, es como en la década de los 60´s. llegan al país Volkswagen y la asiática Nissan y así sucesivamente han llegado más empresas europeas y asiáticas.
Sin embargo, todo este proceso de instalación de empresas del ramo automotriz en el país ha sido marcado por aspectos negativos para los trabajadores y la nación pero atractivos para las empresas, destacando dentro de ellos los siguientes: reducción de costos de producción; bajos costos de transporte; bajos salarios, sobre todo en la mano de obra utilizada en tareas de montaje y expectativas de un mercado factible de monopolizar; así como plantas con bajos niveles de productividad, como resultado de mínimas inversiones y falta de infraestructura, siendo hasta 1962 cuando se tomaron medidas al respecto con el Decreto Automotriz, lo que mejoró los aspectos de producción, más no lo relativo a las condiciones laborales y salariales de los trabajadores, aunque no puedo dejar de mencionar el caso aislado de los empleados de la empresa Volkswagen en Puebla, que bajo un sindicalismo independiente fueron poniendo las bases para ser hasta la actualidad los que cuentan con las mejores condiciones salariales, contractuales y de trabajo en el ramo automotriz mexicano.
Ahora bien, ya enfocado en la llegada de Tesla y con el ingrediente de que es una empresa fabricante de vehículos eléctricos, algo nuevo en el país, debo mencionar que varios gobernadores, cada uno bajo intereses particulares y en la búsqueda de atraer inversiones a sus estados, realizó su labor para tratar de convence