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Columnas
En México el horario laboral debe tomarse en cuenta desde el momento en que el trabajador sale de su casa. La migración fluctuante entre el Estado de México y la CdMx arroja trayectos de ida y vuelta de cuatro horas, que deben negociarse. De tal manera que el trabajador o trabajadora, llega cansado a trabajar, eso no lo han tomado en cuenta quienes se preocupan por la productividad. Además, un transporte público pésimo y muy inseguro.
El debate sobre la semana de 40 horas laborales debió ser superado desde hace muchos años, por inhumano. Se trata de una imposición de quienes creen todavía que la producción se mide por las horas que están dentro de las instalaciones de la fábrica y no por tener un empleado contento, bien pagado y descansado.
La mayoría de los empresarios surgen de una idea conservadora, estudian en escuelas y universidades conservadoras y se relacionan también con conservadoras de tal manera que les resulta difícil estar actualizados, porque al añorar el pasado simplemente niegan el presente y se ven impedidos para ver el futuro más allá de cifras y expansiones.
Ante la falta de coordinación entre el mercado laboral y las escuelas privadas medias y superiores, los actuales trabajadores ven su jornada laboral como un castigo, y en términos reales lo es porque se desarrollan en una práctica que les es ajena, distante y, a veces aberrante.
Las universidades particulares llegaron al absurdo grotesco de que el empresariado opinara sobre sus programas de estudio de acuerdo con las necesidades de su capacitación de trabajadores. Olvidando la vocación y la libertad de los estudiantes.
La clase media estudió lo que más dinero podía ofrecerles, el resto, lo que era más rápido para obtener trabajo y, por lo tanto, dinero. De tal suerte que tenemos un ejército de asalariados que ven el trabajo como prisión, no lo disfrutan y mucho menos lo toman como un medio para lograr otros niveles de vida sino como una rutina sin sentido, que muchas veces en eso terminan por convertirse en frustración y enfermedades reales.
El esquema de trabajo, basado en la explotación, apenas un grado más libre que la esclavitud, creó desde la preparación primaria, un mundo de robots, que se dirigen a un destino desconocido. Los fines de semana no son adoptados como parte de la vida sino como una evasión, porque así lo diseñó el sistema económico, a través de la TV convencional, en complicidad con empresarios.
La influencia de los empresarios en todas las actividades propias del estado, hizo mucho daño, prueba de ello es que, en México, no haya semana de 40 horas, a pesar de que según la OCDE es de los países que porcentualmente obtiene más ganancias comparadas con lo que reciben sus trabajadores.