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Ver y ser visto

Ver y ser visto

Columnas viernes 07 de febrero de 2020 - 01:47

La semana del arte ha comenzado. Coleccionistas, galeristas, artistas y miembros connotados de la socialité se reúnen en torno al arte o sería más preciso decir: al mercado del arte.

Zona MACO que antes se dividía en distintos eventos a lo largo del año, juntó todos los esfuerzos en uno. Así que su décimo séptima edición ofrece antigüedades con arte moderno, fotografía con performance, diseño y arte contemporáneo. Alrededor de esta feria hay, al menos seis ferias satelitales: Arte Material, Maroma, ACME, Bada, Qipo y Acción.

Es de celebrarse que apenas una década y media después de la primera edición de MACO ya exista en México una Semana del Arte, pues esto promueve la industria creativa y demuestra que México es punta de lanza en términos artísticos y culturales.

Cabe advertir al lector que en la Semana del Arte se va a encontrar con la polaridad que el mercado de ésta noble y sublime actividad genera. Pues por un lado el arte efectivamente es profundo, reflexivo, crítico y rebelde, pero el mundo en el que se desenvuelve su mercado es superfluo, simulador, exigente, elitista y de apariencia. Es justo en estas ocasiones en que se puede distinguir estas contradicciones de su naturaleza.

Pues seguro que encontraremos pedazos de alma de algunos artistas. Obras maestras y sublimes que nos cimbren el corazón. Nos toquen las fibras más profundas de nuestro ser. Nos den nuevos significados del mundo. Nos llenen de colores la mirada. Obras que sean retratos del presente. Que transformen. Que sorprendan. Que provoquen algo...

Pero no se alarme si en el mismo lugar descubre exactamente lo opuesto: hipocresía, simulación, sinsentido y prepotencia.
Así, en la emocionante etapa de mostrar las obras y venderlas. Cuando por fin se inauguran las exposiciones y ferias. Luego de sortear toda clase de imprevistos y a la orilla del fracaso, como en cualquier montaje, en que se enfrenta problemas con la aduana, medidas equivocadas de bastidores, retrasos de entregas, cancelaciones, desacuerdos y un sin número de sucesos previos a la apertura, nos encontramos con que existen otras variables más allá del arte mismo. Los especuladores. Los falsificadores. Los que se reafirman a través de una compra costosa. Los galeristas groseros que consideran que a través de la petulancia pueden hacer valer lo que no vale nada. Los curadores inventados y los artistas estafados. La vendimia forzada. La falta de discurso. Los artistas que prefieren no dar entrevistas por la falta de contenido real de sus trabajos. Lo banal. Lo repetido. Lo ridículo. Los falsos periodistas. Los falsos artistas. Los falsos conocedores de arte ...

Notaran que muchos de los asistentes no tienen el más mínimo interés en las creaciones allí expuestas y más bien van a ver y ser vistos. A tomar un cocktail gratis y a fingir. Impulsados por la avaricia. Buscando ser quienes no son. Recurriendo a los lugares comunes de la “sofisticación”. En la vulgaridad de la apariencia y el mal gusto de no sentir.
Con aires de superioridad. Palabrería rebuscada. Regateando la aceptación del círculo y a la vez un aire de grandeza. Publicarán en sus redes sociales fotografías con famosos y poco sabrán reseñar de lo que verdaderamente sucedió allí.

Y esto no es una queja. Es una advertencia. Pues el suceso de la Semana del Arte en sí misma es una buena noticia. Se estimula la economía alrededor de la cultura.

Coleccionistas, artistas, curadores y curiosos viajan a la Ciudad de México para ser parte de estos eventos y muchos se reúnen y planean su tiempo alrededor de ella. Todo esto es una derrama importante de dinero y la muestra de que la ciudad tiene la infraestructura necesaria para lograr algo así.

Se cerrarán nuevos negocios. Quizá nos encontremos con alguna promesa importante del arte. Saludaremos a los artistas consagrados y lograremos visibilizar lo importante que es cultivar y promover a las empresas culturales.

Es así. En el arte como en la vida, hay héroes y villanos.

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/CR

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