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Víctimas y derechos humanos

Víctimas y derechos humanos

Columnas lunes 14 de septiembre de 2020 - 00:33

Nuestro país ha caído en una situación desesperada en lo relativo al tema de la inseguridad. Ya no podemos vivir con tranquilidad. Salimos a la calle (excepto en estas condiciones de emergencia sanitaria) con el temor y la preocupación de no saber si regresaremos "con bien".
La inseguridad es un problema que durante décadas se dejó crecer como "bola de nieve" y ya no hay quien lo detenga. No hay forma de enfrentar la inseguridad más que con la acción eficaz del estado. Esa es una de sus tareas fundamentales. Junto con la búsqueda de la seguridad, el orden, la paz, el bienestar general y la justicia; son la razón que justifica su existencia.
La inacción del Estado en la implementación de estrategias eficaces en materia de seguridad, ha producido víctimas. Víctimas del delito, por un lado, así como víctimas de violaciones a derechos humanos.
Jurídicamente, estos dos tipos de víctimas requieren un trato y atención diferenciada; aunque en la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas (hoy acéfala) si debe haber una confluencia respecto a ambos tipos de víctimas, en lo relativo a la reparación del daño.
Algunas víctimas de delitos graves han decidido visibilizar su hartazgo mediante la ocupación de una de las oficinas centrales de la Comisión de Derechos Humanos en la capital del país.
Nadie podría estar en desacuerdo con la necesidad de visibilizar el carácter urgente de las medidas que el Estado debe implementar para atender el problema.
Pero la CNDH, en estricto sentido, no es la ventanilla adecuada para sus reclamos; debido a que en principio se habla de víctimas de delitos y no de violaciones a derechos humanos.
Lo cierto es que se trata de un acto simbólico. Logró ese objetivo: visibilizar ese hartazgo. Como si no fuera suficientemente evidente el problema, requiere acciones y medidas desesperadas para lograrlo.
La Comisión tiene ante sí el gran reto y la oportunidad de ayudar a canalizar ese enojo social, en acciones concretas, con objetivos realistas a corto, mediano y largo plazo.
Por ejemplo: Las ocupantes proponen instalar una casa de refugio para familiares y víctimas de delitos sensibles como desapariciones, secuestro, violación y feminicidio. Ese espacio es necesario. El acto simbólico debe pasar a la consolidación de objetivos, que es lo ideal en todo movimiento social.
La casa de refugio es un excelente proyecto, pero no necesariamente en la sede de la CNDH, en la calle de Cuba No. 60, que hace algunos años, albergaba a la Dirección de Atención a Víctimas de esa Comisión.
Las buenas intenciones, si no se canalizan adecuadamente en acciones plausibles, no pueden transformar positivamente nuestro entorno.
Flor de Loto: La exigencia de los derechos de unos, no puede atropellar el ejercicio de los derechos de los demás.

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/CR

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