Por Onel Ortíz Fragoso
@onelortiz
En la feria de las percepciones de los resultados del 6 de junio, el Partido Revolucionario Institucional (PRI) tiene muy poco que celebrar y sí muchos motivos para preocuparse. Si bien obtuvo algunas diputaciones federales más, perdió ocho gubernaturas, quedó subordinado al PAN en la Coalición Va por México y lo más preocupante, sectores sociales mayoritarios lo perciben como un partido viejo y corrupto. No es ninguna exageración decir que el PRI atraviesa por el peor momento de su larga historia, no sólo por su descenso electoral, sino por la falta de perspectivas para el futuro inmediato.
¿Qué tendría que hacer el PRI en estos momentos? Hacer una evaluación objetiva de su participación en la Coalición Va por México. Una de las características más destacadas del priismo ha sido su disciplina partidaria, donde la ropa sucia se lava en casa. Debe realizar una evaluación quizá discreta, pero honesta de una situación que resulta evidente: el PAN fue el partido opositor más favorecido.
¿En verdad para el PRI la oposición a Andrés Manuel López Obrador es motivo suficiente para mimetizarse con el PAN? Porque una cosa es que el Presidente diga que son iguales y otra que lo sean realmente. Va por México ya presentó su intención de transitar de una alianza electoral a una legislativa. Falta ver cuales son los temas de su agenda y quienes son los voceros de la misma.
La oposición a las reformas de AMLO es sólo un punto en la agenda. El PRI tiene que revisar sus documentos básicos y su línea política.
Tiene que decantarse claramente por un lado del espectro político. Tener una definición política es importante, porque esto le da dimensión y rumbo a las alianzas electorales.
En Morena sobran aspirantes a suceder a AMLO. En el PAN hay varios perfilados. Movimiento Ciudadano tiene candidato. Es muy probable que PRD se sume a la propuesta del PAN. En estos momentos, el PRI carece de un personaje perfilado a la sucesión de 2024, por lo cual necesita una cara pública que le permita cohesionar a la militancia y presentarse a la sociedad. Debe construir una candidatura propia, inclusive para la negociación interna si decide ir en coalición.
Al PRI sólo le quedan cuatro gubernaturas: Edomex, Oaxaca, Hidalgo y Coahuila. Particularmente relevante serán las elecciones en Oaxaca y el Edomex. Los resultados de estos procesos definirán en buena medida el papel que desempeñará en el 2024. El PRI debe renovar su dirección nacional, la continuidad de la actual sólo profundizaría la crisis.
México necesita de partidos fuertes, bien definidos programáticamente y con liderazgos propios. Esto fortalece a la democracia y mejora la convivencia política. ¿Dónde está el PRI después del 6 de junio? ¿En el limbo político? ¿Entre la extinción o la renovación?