La expresión oral o escrita de nuestras ideas y pensamientos, es el discurso. Se trata de nuestra percepción de la realidad; una mera aproximación, pero no es la realidad en sí misma. La ciencia, la moral, la religión, el derecho y la política, no son más que distintas formas de discurso.
En cada época, el debate público está dominado por ciertos discursos. A veces alguno de ellos toma un papel preponderante en ciertos momentos históricos en los que es aceptado por las mayorías, y así toma fuerza o predominio. (Se vuelve un paradigma.) Muchas personas creen que sus ideas (o ideologías) convertidas en discurso, es decir, expresadas o exteriorizadas al mundo, se apegan a la realidad; y por lo tanto, consideran que “tienen la razón” en el contenido de esas ideas; pero en realidad es al revés. Las ideas que exteriorizamos, mediante los pensamientos que concebimos, construyen nuestra realidad; se transforman en la manera que observamos y entendemos el mundo.
“No vemos el mundo como es. Vemos el mundo como somos.” Es una famosa frase que intenta explicarlo.
La observación y explicación de la realidad, se “filtra” a través de los sentidos y la experiencia de vida del observador. No podría ser de otra manera. De tal forma que, ante los mismos hechos, las personas tendrán sin duda una interpretación diferente. A veces, tan diversa, que pudiera parecer que cada quien ha presenciado hechos distintos.
Por esa razón, resulta inútil querer imponer nuestra forma de pensar, como una especie de “verdad absoluta” y perdurable. La discusión, el debate de ideas es sano y útil, cuando nos sirve para ampliar nuestra percepción de la realidad; cuando nos permite ver aquellos aspectos de los que no nos habíamos percatado; pero no sirve para suponer que existe una realidad única e inmutable, y que es posible describir con exactitud su naturaleza.
Si aprendemos a considerar nuestro pensamiento, nuestras ideas, como una simple versión posible de las cosas; como un mero discurso, nos daremos cuenta que no es necesario aferrarnos a esas ideas. Pueden incluso descartarse o modificarse con el tiempo.
Nada ganamos con querer imponer nuestra opinión de las cosas. Con creer que somos dueños y poseedores de una única verdad.
El discurso es constructor de realidad, y no al revés. Vemos al mundo a partir de como intentamos describirlo, no como es en realidad. Por eso me parece cada vez más absurda e inútil la discusión, debate o confrontación entre discursos; entre puntos de vista distintos. Nadie tiene "la razón"; sin embargo, cada quien tiene "sus razones" para pensar como piensa.
Flor de Loto: Nuestras palabras son como "hechizos,” ya que tienen efectos que pueden moldear nuestra percepción de la realidad.