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Hubris Asesina

Hubris Asesina

Columnas miércoles 05 de mayo de 2021 -

Pedro Arturo Aguirre

La hubris de ciertos gobernantes autoritarios mata. Hoy, India vive un desastre de proporciones apocalípticas a causa de la segunda ola del coronavirus y de ello es en buena medida responsable la arrogancia del hombre fuerte del país, el primer ministro Narendra Modi, quien apenas en febrero presumía haber derrotado a la pandemia. Este inmenso país iniciaba entonces una intensa campaña de inoculación y era el principal productor de vacunas en el mundo. “Somos completamente autosuficientes y estamos ayudando al mundo“, se jactaba el primer ministro. Pese a contar con casi 1,400 millones de habitantes, padecer enormes brechas sociales y tener ciudades densamente pobladas, India escapó de la primera ola del coronavirus relativamente ileso. Hubo entonces muchas explicaciones. Una incluso afirmaba la supuesta “inmunidad de los indios” porque estaban acostumbrados “a superar enfermedades”.

Poco más de tres meses después, esa “inmunidad” se ha evaporado. Se establecen récords diarios de contagios. El número de víctimas mortales se acerca al cuarto de millón. El sistema de salud está al borde del colapso y los crematorios, abrumados. Apenas un 2 por ciento de la población esta completamente vacunada, los centros de inoculación se están quedando sin dosis y las exportaciones se han detenido, lo cual perjudicará a un buen número de países. Errores inconcebibles por parte del gobierno han llevado a esta desgracias. Festivales religiosos, mítines políticos, bodas, desfiles y todo tipo de eventos masivos se reanudaron. Se permitió el festival Kumbh Mela, con millones de peregrinos bañándose en el Ganges. También es temporada electoral. El partido de Modi quería ganar a toda costa y siguieron las aglomeraciones. "Nunca había visto una multitud tan grande", gritó un orgulloso Modi en uno de estos eventos. Alrededor de este gobernante se ha construido un culto a la personalidad. Proyecta la imagen de un líder religioso y no la de un político responsable de un gobierno, por eso su autocomplacencia frente a la pandemia ha sido una mala influencia. La gente interpretó su displicencia como una señal para volver a la vida normal.

En marzo llegó la devastadora segunda ola. Para cuando los políticos reconocieron el peligro ya era demasiado tarde. India había exportado muchas vacunas pero inoculado a muy pocos de sus ciudadanos. Apoyó a los países pobres y las dosis incluso llegaron a Gran Bretaña, pero el gobierno no logró aumentar al máximo las capacidades de producción. Se detuvieron los envíos al extranjero. A mediados de abril, la ola se había convertido en un tsunami. Alemania, Gran Bretaña, Singapur y Estados Unidos están enviando ayuda de emergencia a la orgullosa “potencia emergente” e incluso naciones rivales como China y Pakistán están ofreciendo apoyo. India ha pasado de querer salvar al mundo a tratar, ahora, de salvarse a sí misma.


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