Y no solamente lo respetaron, sino también hay que reconocerlo, lo mejoraron con una reforma que con todo y el rencor que llevaba implícita terminó por consolidar el que quizás es hoy el pilar más sólido del ahorro nacional.
La historia empezó hace ya 28 años cuando el "emergente al bat", Ernesto Zedillo Ponce de León, una vez que apagó todos los fuegos salinistas y desactivó todas las bombas puestas en el camino por el "diablo de Dublin", con base en su experiencia y la de sus asesores detectó atinadamente que era cuestión de tiempo para que México entrara en una crisis idéntica a la que le tocó capotear, o quizás de mayores dimensiones: la crisis de las pensiones.
Y las señales eran muy claras, la verdad es que el veredicto fue correcto pero tampoco hacía falta ser doctor en economía como lo era el hoy crítico acérrimo de la reforma judicial que dicen los "diferentes e históricos" que nos convirtió en el "país más democrático del mundo", cualquier cosa que eso signifique, para saber que íbamos directo a otro desastre financiero.
En ese año de 1997 con un país quebrado tratando de recuperarse de lo que a la postre ha sido la crisis más terrible se los últimos 50 años, era muy claro que el sistema de reparto de las pensiones nos iba a llevar al colapso económico sí o sí.
¿Qué era el sistema de reparto? Consistía en que todos quienes trabajábamos aportábamos a un fondo común que pagaba pensiones miserables, y que además no iba a alcanzar para todos, y que tampoco era muy transparente que digamos.
Es cierto que el modelo de las Afores fue copiado de Chile, país que tuvo una exitosa gestión para transitar del sistema de reparto al de cuentas individuales, otro acierto en México a pesar de sus errores.
Y así, a lo largo de 28 años el sistema ha evolucionado; pero, no podemos dejar de reconocer la reforma al sistema de 2020, cuando el mesías tropical en medio de su rencor por la clase empresarial tuvo que tragarse su coraje y en lugar de estatizar a las Afores y robar el dinero de los trabajadores, tal como él mismo reconoció que planeaba, le pidió a sus asesores que armaran una reforma para exprimir lo más posible a los empresarios.
Claro que el tipo lo vendió exitosamente como una reforma a favor del pueblo bueno y sabio, en realidad eso le importaba un cacahuate, pero afortunadamente su rencor fue benéfico para el sistema.
El mesías tropical planeaba adueñarse de los 5 billones de pesos que al inicio de su "mandato divino" gestionaban las Afores, para perpetuar su movimiento y su modelo, ese que dice que es la cuarta ¿Transformación?, sin que se transforme nada.
Al final lo está logrando, pero no es igual porque con 5 billones de pesos en las manos no habría nada que le impidiera hacer lo que le viniera en gana, si de por sí lo hizo.
Pero su aberración contra la clase empresarial y muchos de los hombres exitosos de negocio a los que siempre tachó de "corruptos", no pudo concretarse en venganza y quitarle los capitales bien administrados en las Afores, por el riesgo de convertirse en otro nefasto López (López Portillo) en lo económico, en otros temas resultó igual o peor.
Hoy las Afores manejan recursos por 8 billones de pesos, sí con b de buenas, eso representa alrededor de 420 mil millones de dólares, prácticamente el doble de las reservas del Banco de México, para que usted amable lector pueda dimensionar.
Y lo que es la vida, un intento de venganza y saqueo se convirtió en una de las mayores fortalezas financieras del país, buscaron dañar a una minoría y sin querer beneficiaron a las mayorías, aunque esa se supone que era su tarea, pero en los hechos le importaba nada.
Dos personajes totalmente diferentes, incompatibles en todo, terminaron por estar unidos en lo que es un pilar económico indiscutible de México: la lectura correcta de Zedillo, y la sed de venganza del "enviado del señor".
Lo que hay que ver en este país, es increíble pero así somos. Como diría mi abuela: con esos bueyes hay que arar la tierra mijo.