Si realizamos una revisión de lo sucedido durante la última semana, hay un tema que me parece especialmente importante destacar, y es que el Gobierno ha encontrado un nuevo estandarte por la soberanía: la doble nacionalidad de los políticos.
El gobierno de Claudia Sheinbaum ha convertido en un asunto de la agenda pública, su propuesta para impedir que una persona con doble nacionalidad pueda aspirar a la presidencia, una gubernatura o la jefatura de Gobierno de la CDMX. Este martes, la Cámara de Diputados aprobó la reforma en lo general, aunque todavía enfrenta un panorama incierto en el Senado.
Sheinbaum Pardo volvió a defender hoy la iniciativa y cuestionó a quienes se oponen a ella, argumentando que quienes ocupen esos cargos deben de tener una sola nacionalidad y una sola lealtad; lo cual no está fuera de lógica alguna; ungobernante debe de velar por los ciudadanos de la nación, estado o municipio que lo eligió, lo que curiosamente, contrasta con lo que hoy vivimos los mexicanos,donde desde el podio del poder han separado y clasificado a los ciudadanos: de un lado está el pueblo sabio y bueno que requiere apoyo de papá Gobierno y por el otro lado, los conservadores fifí, los explotadores, empresarios y trabajadores formales que a su vez son los principales contribuyentes cautivos que financian al Gobierno y sus caprichos.
Por lo que me pregunto de forma clara y sencilla: ¿De verdad este era uno de los grandes problemas de México que requería una reforma constitucional tan urgente?
Mientras el propio Gobierno informó recientemente que, durante los dos primeros años de la administración, 53 funcionarios han sido vinculados a procesos por delitos relacionados con corrupción, además de 517 denuncias presentadas contra servidores públicos, el Congreso está dedicando una parte importante de su agenda a determinar si un futuro presidente puede tener otra nacionalidad. Cuestión que me hace sentir que hay gato encerrado o que, como muchas de lasreformas, ésta tiene especial dedicatoria a uno de los que acecha el palacio.
Y ahí tenemos la irónica realidad de los mexicanos:
México puede tener funcionarios investigados por corrupción, solicitados por un gobierno extranjero por cuestiones de narco, problemas de seguridad, un Poder Judicial en plena deformación y un Congreso que modifica constantemente las reglas del juego. Pero, por fortuna, ya sabemos cuál es el verdadero peligro para la República: que el próximo Presidente tenga dos pasaportes.
Además, hay un elemento político interesante: la propia mayoría oficialista no tiene garantizado que sus aliados voten unidos. El Partido Verde tiene objeciones a la obligación de renunciar a la nacionalidad extranjera, mientras que el PT mantiene diferencias con Morena por el reparto de candidaturas rumbo a 2027. La oposición ya anunció su rechazo.
Y bueno, si vamos a hablar de lealtades, ¿por qué detenernos en los pasaportes o nacionalidades? bien podríamos extenderlo a la militancia partidista de los gobernantes sin importar su nivel, y de los funcionarios que dirigen la administración pública, para que renuncien o pidan permiso a sus partidos para dejar de militar durante el periodo de su encargo, sancionando a aquellos que desarrollen proselitismo por algún partido. No porque los políticos deban de renunciar a sus convicciones, sino porque quizá deberíamos de exigirles algo mucho más sencillo: que gobiernen para todos. Una nación es como un calidoscopio: tiene muchos matices.
Eso es solo para ser coherente con la cuestión de las lealtades que tan ferozmente defiende la Presidenta con “A” y devolverle una soberanía real a la nación y no supeditada a las voluntades del poder.
No debemos dejar pasar que el Gobierno ha colocado la soberanía nacional como uno de sus ejes de sus discursos recientes. Desde el fin de semana pasada Sheinbaum ha insistido en este tema durante su gira por Baja California y Sinaloa. Por lo que insisto: ahora que la iniciativa llegue al Senado, que adicionen o cambien la iniciativa para que ya ningún gobernante pueda ser miembro activo de una institución partidista.
¿Estamos ante una auténtica preocupación de soberanía o ante otra reforma política que permite al Gobierno mantener la agenda pública ocupada en las reglas para quienes pueden aspirar a ser candidatos para el 2027, mientras los problemas cotidianos siguen esperando?
No afirmo como hecho que esta iniciativa sea con un fin electoral, más he aprendido en esta nueva actualidad que, si suena como pato, camina como pato y grazna como pato… seguramente es un ganso mexicano. Razón por la que es importante poner sobre la mesa el calendario y las prioridades: la reforma mira hacia las candidaturas, cuando el proceso político del 27 ya empieza a ocupar espacios dentro de los partidos oficialistas y en los que no, también.
Mientras se dan las cosas de esta política o politiquería, los ciudadanos ya podemos dormir tranquilos: quizá no hemos resuelto la corrupción, la inseguridad o la certeza jurídica, pero al menos el Congreso está trabajando para que nadie llegue a la Presidencia con un segundo pasaporte o para ser más claros una doble nacionalidad.
¡Algo es algo!
Javier Agustín Contreras Rosales. Colaborador de Integridad Ciudadana AC, Contador Público, Especialista en Instituciones Administrativas de Finanzas Publicas, Maestro en Administración Pública @JavierAgustinCo @Integridad_AC