Por @RenegadoRadio
A más de cuatro décadas de su partida física, la figura de John "Bonzo" Bonham sigue resonando con la misma potencia sónica que sacudió los cimientos de la música contemporánea. Conmemorar su aniversario luctuoso es recordar al hombre que redefinió el papel de la batería en el rock, transformándola de un mero instrumento de acompañamiento rítmico en una fuerza motriz indomable y protagónica.
El sonido característico de Bonham no surgió de la nada. Para entender su revolucionaria técnica es necesario voltear la mirada hacia sus influencias formativas. Desde muy joven, quedó fascinado por los grandes bateristas de jazz de las décadas de 1940 y 1950, destacando figuras como Gene Krupa y Buddy Rich, de quienes heredó la agilidad, el sentido del espectáculo y la precisión en el uso de los tambores. Asimismo, absorbió la fuerza del blues tradicional británico, amalgamando ambos mundos en un estilo visceral y de pegada brutal.
Bonham introdujo innovaciones técnicas que marcaron un antes y un después. Su dominio del pedal simple —con el que lograba una velocidad y precisión que muchos atribuían erróneamente a un doble pedal—, el uso masivo de timbales de concierto y la potencia física con la que golpeaba cada pieza de su batería Ludwig crearon un sonido de bombo profundo y resonante que se convirtió en la marca registrada de Led Zeppelin.
Dentro de Led Zeppelin, la batería de Bonzo era el ancla y al mismo tiempo la tormenta. Temas como Good Times Bad Times, Immigrant Song y, por supuesto, su icónico solo en Moby Dick, demostraron que la batería podía sostener el peso conceptual de una obra musical entera. Su participación en When the Levee Breaks dejó grabado a fuego uno de los samples y ritmos de batería más reverenciados e imitados de la historia del rock y del hip-hop moderno.
El legado de John Bonham trasciende los incontables reconocimientos de la crítica especializada que lo sitúan sistemáticamente como el mejor baterista de todos los tiempos. Vive en cada banda de rock duro, heavy metal y grunge que adoptó su agresividad sónica y su sentido del espacio y el silencio. Bonzo se fue demasiado pronto, en septiembre de 1980, pero su pulso sigue latiendo cada vez que una aguja toca un vinilo de Led Zeppelin y la batería estalla en el primer acorde.
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