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¿Correcciones al diccionario o a la ley?

¿Correcciones al diccionario o a la ley?

Columnas miércoles 12 de agosto de 2020 - 01:29


Desde hace poco más de dos décadas, en el mundo hispanoparlante comenzamos (o, más bien, nuestros gobernantes comenzaron) a utilizar el “todas y todos”, “ciudadanas y ciudadanos”, “mexicanas y mexicanos”, “maestras y maestros” y toda una serie de dualidades genéricas en materia idiomática, para querer salvar, lo que se consideraba (y en ocasiones se sigue considerando) un acto discriminatorio contra la mujer. Por fortuna, a nadie se le ocurrió llevar al extremo esta costumbre y tratar de hablar, por ejemplo, de “policías y policios”, “periodistas y periodistos” o de “mecenas y mecenos”
Durante este tiempo, el idioma se ha visto dividido tajantemente en el “uso correcto” y en el “uso políticamente correcto”, sin que hasta el momento hayamos sido capaces de ponernos de acuerdo en cómo debiéramos expresarnos sin violar los derechos de la mujer ni menospreciar las reglas establecidas por la Real Academia de la Lengua Española (RAE), de la que se deriva la Academia Mexicana de la Lengua (AML) y las respectivas academias nacionales del universo de habla hispana.
El conflicto más severo entre el uso correcto y el políticamente correcto es precisamente ese: el de querer dividir a hombres y mujeres de un determinado sector de la población que antaño se incluían en el “masculino genérico” para que no se piense que al usarlo se pretende marginar a la mujer, pese a las insistentes explicaciones de la RALE y la AML en el sentido de que a lo largo de cinco siglos hemos empleado ese “masculino genérico” como “genérico neutro”, costumbre del todo correcta.
En el debate en torno a este asunto se han escuchado infinidad de propuestas pretendidamente conciliatorias, como la posible creación de un nuevo genérico neutro, reemplazando las vocales “a” y “o” por la “e” o, para evitar los disparates que de esto pudieran generase, por la “@”, lo que reiteradamente ha sido rechazado por la Academia de la Lengua.
Las discusiones han sido intensas y acaloradas: abundan los defensores del uso correcto y del uso políticamente correcto del idioma, pero durante este tiempo, relativamente breve en la biografía del español, muy pocos de los defensores de la lengua de Cervantes han aportado propuestas viables, o al menos sugerencias posibles, para evaluar qué tanto aporta el idioma a mejorar las condiciones de vida de sus hablantes.
¿Reconocer la labor de “maestras y maestros”, por ejemplo, contribuye a elevar los índices de aprovechamiento escolar más rápido que si sólo destacáramos la “labor de los maestros”? Claro que tenemos alternativas como sería enaltecer la “labor magisterial”, pero son poco empleadas, quizá por la creencia de que es conveniente resaltar la existencia de hombres y mujeres en actividades sociales, sin que ninguno sea menos que el otro.
Pero al margen de si las actualizaciones idiomáticas debieran plasmarse en el diccionario o en el marco jurídico, ¿en verdad ha mejorado la realidad social de las mujeres?

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/CR

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